CAMPECHE, CAMP. Caminar o manejar por la calle Cooperativa Kalá se ha convertido en una auténtica prueba de supervivencia para las familias de Quinta Hermosa. Entre piedras sueltas, lodo pegajoso y un verdín que resbala con solo verlo, la vida cotidiana de los vecinos está empantanada en medio de un verdadero cochinero. Lo que a simple vista parecería un charco acumulado por las lluvias es, en realidad, un arroyo continuo de aguas negras cargadas de desechos fecales que despide olores insoportables durante todo el día.
La bronca no es solo el mal olor, sino el peligro constante al que se exponen a diario. El tramo que conecta con la zona de Imí II parece más una pista de obstáculos donde las nubes de moscas se adueñaron del ambiente. Los conductores ya no hallan ni por dónde pasar: las suspensiones de los coches sufren las consecuencias del terreno destrozado y los amontonamientos de piedra, mientras que los accidentes están a la orden del día porque las llantas terminan patinando en el verdín.
La indignación crece porque la afectación ya rebasó los límites del barrio. Habitantes de zonas vecinas como Montecarlo, Carzabela, Villaparaíso, Quinta Santa Elvira, Kalá e Imí I, que transitan a diario por la antigua carretera a Kalá, enfrentan el mismo calvario para llegar a sus destinos. La gente teme que este foco de infección termine desencadenando un problema serio de salud pública y exigen que las autoridades investiguen a fondo de dónde provienen esas descargas clandestinas que contaminan la zona.
Ante la falta de soluciones, el malestar social ya subió de tono contra el Ayuntamiento. Los vecinos recriminan que mientras los reportes y las solicitudes de ayuda se acumulan en las oficinas municipales sin recibir respuesta, el gobierno local prefiere gastar recursos en fiestas y eventos ostentosos.