CAMPECHE, CAMP. Vecinos del poblado de Samulá ya no hallan a qué santo encomendarse para que les arreglen la calle 10. La vía parece campo minado, llena de huecos cargados de agua que se han convertido en un verdadero martirio para cualquiera que intente pasar por ahí. Lo peor del asunto es que este problema ya tiene medio año y, por más reportes que meten, la solución nomás no llega.
Transitar por esta zona se ha vuelto una jugada de azar para los conductores. Con las lluvias y el agua estancada, los baches quedan tapados y los choferes caen a ciegas, destrozando suspensiones, amortiguadores y llantas. Los vecinos señalan que los gastos en refacciones salen directo de sus bolsillos, sin que ninguna autoridad municipal se haga cargo del remiendo.
La gente del rumbo reconoce perfectamente que hay otras calles en el poblado que están en peores condiciones, pero insisten en que la 10 también cuenta y que no por eso los deben dejar al último de la fila. El malestar es parejo entre las familias del sector, quienes piden a gritos que no los dejen en el olvido y que le metan mano a la zona antes de que la vía quede completamente incomunicada.
Lo que más coraje les dio a los colonos fue lo que pasó hace un par de semanas. Personal del Ayuntamiento se presentó en el lugar, pero nomás llegaron a dar el rol y a mirar el reporte. No llevaron ni cuadrillas de trabajadores, ni chapopote, ni material, ni una sola herramienta para empezar a emparejar la tierra, dejando a todos con la pura ilusión.
Ante este panorama, la comunidad le hace un llamado directo a las autoridades municipales para que regresen a Samulá, pero esta vez con la maquinaria y el personal completo. Exigen que dejen el papeleo de lado y se pongan a reparar de verdad, pues la gente de la calle 10 ya pagó el costo del abandono durante seis meses y merece transitar por una vía digna.