CAMPECHE, CAMP. Transitar por la calle Guadalupe Beltrán, en la Invasión Esperanza, se ha convertido en una auténtica carrera de obstáculos para quienes viven por ahí. La vialidad luce totalmente olvidada y repleta de huecos de todos los tamaños, los cuales se han transformado en charcos permanentes. Por si fuera poco, el estancamiento de agua ha provocado que se llene de verdín, haciendo que las banquetas y el suelo estén súper resbalosos y complicando el paso diario de las familias.
El problema no solo es la falta de mantenimiento por parte de las autoridades, sino también la falta de cultura de algunos pobladores. Diversos colonos señalaron que hay quienes tiran las aguas jabonosas directamente a la vía pública sin medir las consecuencias. Este tiradero constante destruye la carpeta asfáltica a un ritmo acelerado y genera un ambiente insalubre que ya nadie en la colonia quiere aguantar.
Quienes la sufren feo en el día a día son los conductores, sobre todo los repartidores y vecinos que andan en motocicleta. Para ellos, pasar por esta calle representa un peligro constante, ya que el agua jabonosa oculta la profundidad de los pozos y el verdín resta tracción a las llantas. Tienen que andar esquivando baches de un lado a lado para no terminar tirados en el suelo o con los vehículos arruinados.
A pesar de que la gente señala que se ha organizado para hacer llegar sus quejas y reportes a las oficinas del Ayuntamiento, la respuesta brilla por su ausencia. Los afectados aseguran que las autoridades municipales no han tomado cartas en el asunto ni para mandar una cuadrilla a bachear o pavimentar, ni mucho menos para ponerle un alto y sancionar a los ciudadanos irresponsables que siguen tirando sus aguas a la calle.
Cansados de la inacción oficial, solo exigen una solución urgente antes de que ocurra un percance que lamentar o que la calle quede completamente inhabitable. Hacen un llamado directo a las autoridades correspondientes para que volteen a ver a la Invasión Esperanza, manden reparar la vialidad y apliquen el reglamento a quien corresponda para recuperar la tranquilidad de la comunidad.