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30 octubre, 2026

SHEINBAUM

nacional

¡SHEINBAUM MONTA GUARDIA DE HONOR!

CDMX. – El mediodía caía sobre la Calzada Legaria con ese peso particular de los días grises de octubre. En el Panteón Francés de San Joaquín, en la Miguel Hidalgo, el silencio no era vacío: era denso, casi físico. El féretro de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, cubierto por la bandera tricolor y rodeado de flores blancas, esperaba bajo el sol filtrado entre los árboles viejos del cementerio.

A los 92 años, el ingeniero dejó de respirar en el Hospital Ángeles Metropolitano de la Roma Sur. Nadie oficializó la causa. Solo se supo que el vehículo con su cuerpo salió minutos antes de las diez de la noche y llegó al panteón casi media hora después. Nadie de la familia habló entonces. El silencio fue la primera despedida.

Al mediodía de ayer, llegó Claudia Sheinbaum. No con el protocolo rígido de los actos de Estado, sino con el paso pausado de quien entiende que está frente a algo más grande que un cargo. Se colocó junto al féretro. A su lado, los hijos del desaparecido: Cuauhtémoc y Lázaro Cárdenas Batel, y otros allegados. Montaron guardia de honor.

La presidenta permaneció allí, inmóvil, mientras el viento movía ligeramente la bandera que cubría al hombre que tres veces aspiró a la Presidencia y que, al romper con el PRI, fundó el PRD y empujó al país hacia la transición democrática.

Más temprano, Lázaro Cárdenas Batel había enfrentado a los micrófonos con la voz serena de quien carga un apellido histórico. “Es un orgullo muy grande haber tenido a un padre como él… un personaje admirable”, dijo. No hizo falta agregar más.

Por la mañana también habló Francisco Labastida Ochoa, aquel que en el 2000 compitió contra Cárdenas y contra Fox. Sin rodeos admitió que hubiera preferido la victoria del perredista: “Hubiera hecho mucho mejor trabajo”. Lo describió como un hombre honesto, de principios, que nunca mentía. Y reconoció el legado: impulsó la democracia en México “sin lugar a dudas”.

Hasta el Consejo General del INE guardó un minuto de silencio. El consejero Uuc-kib Espadas lo llamó “estadista de gran talla” y “uno de los grandes forjadores de la democracia”.

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En el panteón, mientras Sheinbaum y los hijos del ingeniero mantenían la guardia, el resto del país parecía contener la respiración. Cuauhtémoc Cárdenas, hijo de Lázaro Cárdenas del Río, el hombre de la expropiación petrolera, se iba dejando atrás tres candidaturas presidenciales, el gobierno de Michoacán, la Jefatura de Gobierno de la capital y, sobre todo, la ruptura histórica con el partido que había dominado México durante décadas.

No hubo gritos ni consignas. Solo el peso del silencio, la bandera tricolor y la presencia de una presidenta que, por un rato, dejó de ser la mandataria para convertirse en una más de quienes guardaban el féretro de un referente que cambió el rumbo del país.

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