CAMPECHE, CAMP. Mientras la Península de Yucatán atraviesa una transformación silenciosa pero imparable en sus costumbres espirituales, Campeche se yergue firme como el último y más resistente refugio del catolicismo en la región. Frente a estados vecinos donde los templos protestantes se multiplican y la pérdida de fe gana terreno entre los jóvenes, la feligresía campechana defiende su identidad y conserva, contra todo pronóstico, el título indiscutible de la entidad más católica del territorio peninsular.
Lejos de encender las alarmas de una crisis irrecuperable, la voz de la Iglesia Católica local interpreta este panorama desde la calma y la lectura analítica. Los sacerdotes Juan Arcos Arana y Marco Antonio, Secretario Canciller de la Diócesis de Campeche, coinciden en que no existe una deserción masiva ni una pérdida real de la feligresía activa en el estado, sino más bien la llegada inevitable de una sociedad más diversa, plural y compleja. Cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revelan una realidad contundente, 60 de cada 100 campechanos profesan abiertamente el catolicismo, conformando un sólido ejército de 558 mil 213 fieles. Lejos de registrar una desbandada o un abandono masivo de las iglesias, la fe en el estado logró sumar más de 84 mil nuevos creyentes en la última década, pasando de 473 mil 756 a más de medio millón de personas, lo que representa un crecimiento propio del 8 por ciento.
LA FE RESISTE AL CAMBIO RELIGIOSO
El dato cobra mayor relevancia cuando se contrasta con la acelerada recomposición religiosa que sacude al resto del sureste mexicano. En toda la Península, la presencia de credos distintos al católico se disparó un impresionante 48.91%, pasando de 636 mil a más de 947 mil personas en diez años. En medio de esta ola de cambio, Campeche destaca por haber mantenido la resistencia más alta, registrando el menor margen de variación regional a pesar de un aumento del 35.3% en su población no católica, que hoy suma 212 mil 258 ciudadanos.
El fervor católico late con una fuerza envidiable en municipios como Palizada, un verdadero santuario donde cerca del 77.8% de la población mantiene intacta la devoción hacia sus santos y tradiciones patronales. Sin embargo, el mapa de la fe no es homogéneo; en las zonas de la montaña, la frontera rural y los municipios del sur con alta movilidad migratoria —como Hopelchén, Calakmul y Escárcega—, la presencia de templos evangélicos, protestantes, pentecostales y grupos bíblicos como los Testigos de Jehová, Mormones y Adventistas ya sostiene un disputado territorio frente a la Iglesia tradicional.