CAMPECHE, CAMP. En los pasillos de los supermercados y en los puestos informales de la capital, el aroma a incienso y pan de muerto ha quedado sofocado por el olor a plástico, látex y pintura sintética. A pesar de ser una tierra con profundas raíces mayas y un arraigado respeto por el Hanal Pixán, las calles exhiben una estampa innegable, estantes abarrotados de túnicas negras, máscaras sangrientas y tules de princesas. La tradición anglosajona no solo ha logrado colarse en las casas locales, sino que ha desplazado en dinamismo comercial a las festividades autóctonas.
El comerciante Alfredo Cordero señaló que, a los campechanos parece no importarles el origen de la fiesta cuando se trata de buscar un pretexto para el festejo, aunque el costo de sumarse a esta ola importada represente un verdadero golpe al bolsillo. Lejos de la austeridad, armar una caracterización completa para una sola noche de terror se ha convertido en un lujo costoso, un ciudadano puede llegar a desembolsar hasta 2,500 pesos en un solo atuendo que combine vestuario, efectos especiales y maquillaje de caracterización.
“Es impresionante, la gente gasta hasta 2,500 por trajes, maquillaje, de todo para heridas falsas. No es su tradición, pero tal parece que prefieren estas festividades que el Día de Muertos”, relató, sorprendido por el flujo incesante de clientes que acuden desde temprano a los exhibidores para no quedarse fuera de las celebraciones.
GASTAN MILES POR UNA NOCHE DE DISFRACES
La disparidad en el consumo queda al descubierto al recorrer los comercios locales, donde los precios están por los cielos, pero las filas no ceden. Desde trajes sencillos de payaso en 150 pesos y vestidos de bruja en 250, hasta vestimentas más elaboradas como la de Freddy Krueger en 470 pesos o trajes infantiles con calzado y capas por encima de los 500 pesos, la oferta abarca todas las edades y presupuestos, demostrando que el gasto festivo no distingue generaciones.
El verdadero motor de este gasto se encuentra en la fiebre por la caracterización realista, donde los accesorios superan con frecuencia el valor de la ropa misma. Las máscaras de látex oscilan entre los 180 y los 350 pesos, mientras que la demanda de insumos para efectos de terror —como kits de maquillaje desde 250 pesos, sangre falsa por 100 pesos y prótesis de piel para heridas— refleja que el público prefiere pagar por un disfraz impactante antes que destinar ese presupuesto a los altares tradicionales.