CAMPECHE, CAMP. El corazón antiguo de la ciudad vive un florecimiento inmobiliario, impulsado en gran medida por el crecimiento de las plataformas de hospedaje temporal y la renta vacacional tipo “Airbnb”. Aquellas fincas y casonas que durante años permanecieron en el olvido hoy encuentran una nueva oportunidad de brillar gracias a inversionistas y propietarios que han decidido apostar por el turismo.
Este dinamismo ha detonado la mayor ola de rehabilitación urbana en el primer cuadro, inyectando capital privado para rescatar el patrimonio y devolver el movimiento a sus calles. Adriana Velázquez Morlet, directora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que hasta ahora se ha recibido una fuerte oleada de al menos 200 solicitudes para la rehabilitación y restauración de inmuebles.
Esto representa un alto porcentaje de estas intervenciones que tiene como fin convertir los espacios en casas de renta y alojamientos para visitantes, lo que se ha consolidado como el gran motor económico que está financiando la recuperación de estas estructuras históricas.
Para que esta transformación avance en total armonía con la identidad de la ciudad, el INAH acompaña a los desarrolladores en cada paso del proceso.
Esto ha sido una situación positiva, ya que entre la iniciativa privada y la regulación federal ha permitido intervenir con éxito tanto fincas destinadas al hospedaje como locales comerciales y proyectos de vivienda, logrando así que las casonas históricas no se pierdan. Sin embargo, la funcionaria reiteró que aún hay muchas casas en otros barrios tradicionales que falta por rescatar.
El auge de la renta vacacional está demostrando que el turismo sostenible y el cuidado del patrimonio pueden ser grandes aliados. Al canalizar recursos hacia la restauración especializada con materiales originales, este fenómeno no solo abre las puertas de la ciudad a visitantes de todo el mundo, sino que asegura que la riqueza histórica del Centro Histórico se conserve fuerte, renovada y llena de vida para las futuras generaciones.
RESTAURAR CON REGLAS
Detrás de cada casona que recupera su esplendor en barrios tradicionales como San Francisco, San Román, Guadalupe y hasta el Centro Histórico hay un minucioso trabajo de rescate arquitectónico que busca devolverle la vida al corazón de la ciudad sin traicionar su pasado.
Para lograrlo, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) mantiene un estándar de conservación inflexible pero indispensable, exige que toda rehabilitación preserve el 100% de la originalidad del inmueble.
Esto implica desde el uso obligatorio de materiales tradicionales como la cal, la piedra y los morteros antiguos, garantizando que cada restauración respete de raíz las técnicas constructivas de la época y la identidad de la zona.
Además, para dar una nueva vida a estos inmuebles requiere una supervisión detallada que protege el paisaje urbano de transformaciones agresivas.
Para otorgar una autorización, reiteró que el INAH coteja la fachada completa contra un catálogo de monumentos históricos —un inventario que la autoridad reporta casi concluido— y asegura el apego a una paleta de colores oficialmente reglamentada. Las propuestas arquitectónicas se revisan minuciosamente y se les aplican las correcciones necesarias antes de aprobarlas, asegurando que cada proyecto encaje en armonía con la memoria visual de la ciudad.
SIN CLAUSURAS NI DENUNCIAS POR OBRAS
“Si bien trabajar con técnicas artesanales requiere una inversión mayor de tiempo y recursos en comparación con las obras comerciales, es necesario el uso de materiales tradicionales, ya que esto representa el único camino para garantizar la autenticidad del patrimonio. Usar los insumos correctos previene el deterioro de los muros antiguos y mantiene viva la fisonomía arquitectónica que hace única a la ciudad”, señaló.