CDMX. En los estrechos callejones de Xochimilco, donde el agua de los canales aún guarda el eco de las trajineras, el olor a engrudo y papel húmedo se mezcla con el de las flores que
pronto adornarán las ofrendas. No hay límites para el talento de sus artesanos. A días de que los difuntos regresen, ellos ya los están esperando con catrinas y cráneos que parecen haber zarpado del más allá.
Carlos Rodrigo Flores Ríos, oriundo del barrio de La Santísima, trabaja la cartonería como quien habla con los muertos.
Empezó en plena pandemia de covid-19. Primero vendía chocolate durante el Día de Muertos y necesitaba un esqueleto para acompañar su puesto: lo hizo él mismo. Al año siguiente elaboró otro, ya mejorado. Desde entonces no ha parado. Ha expuesto en la alcaldía de Xochimilco, donde incluso realizó una figura del covid, y también ha creado un nacimiento.
Usa la técnica de empapelar
y moldear con periódico. Masa flexible, papel periódico, engrudo, madera, alambre y manta se
transforman en sus manos en figuras que simulan llegar navegando por los canales.
“Son calaveritas y catrinas que vienen del otro lado en sus trajineras”, dice con la serenidad de quien conoce el peso de la vida y de la muerte.
Se identifica con Frida Kahlo. Como ella, carga una discapacidad: la epilepsia. Los médicos le recomendaron la cartonería como terapia. Hoy sus piezas van desde el tamaño de una persona —destinadas a escuelas y museos— hasta miniaturas que caben en una vitrina o sobre una mesa de centro.
Cada una lleva la marca de alguien que encontró en el arte no solo un oficio, sino una forma de seguir de pie.