CAMPECHE, CAMP. Apenas esta semana, una descarga eléctrica atravesó la bóveda de la Catedral de Nuestra Señora de la Purísima Concepción e impactó directamente sobre la nave central, alcanzando el monumental candelabro de cristal cortado que pende sobre el presbiterio. El estruendo interrumpió la calma del recinto sagrado, pero no la fe de los campechanos, entre el olor a humedad marina, el eco de los prayeros y el sonido de las herramientas sobre los andamios, las misas no se han suspendido un solo día.
El clima costero ha tomado por blanco al corazón espiritual de la ciudad. Testimonios de feligreses que presenciaron el hecho y prefirieron guardar el anonimato confirman que se trata del segundo impacto directo de un rayo en menos de quince días. El primer embate meteorológico destruyó la cruz que coronaba la torre conocida como “La Española”, dejando en evidencia la vulnerabilidad de la estructura ante las tormentas eléctricas del Golfo.
La rápida intervención sobre la gigantesca “araña2 de metal e iluminación responde al peligro latente de desplome y a la urgencia de conservar un bien que, si bien custodia el templo, legalmente forma parte del patrimonio público de la Nación bajo resguardo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
TORMENTA DAÑÓ PIEZA ANTIGUA
A pesar de la espectacularidad del incidente y el halo de misticismo que suele rodear a este tipo de sucesos, los registros de conservación del INAH y el catálogo del Centro Histórico aportan luz sobre la naturaleza real de la pieza afectada, la imponente araña de latón dorado y prismas de cristal no es una reliquia colonial, sino una incorporación del siglo XX con unos 70 a 80 años de antigüedad.
Durante los siglos XVII y XVIII, las iglesias novohispanas de la costa carecían de estas voluminosas luminarias suspendidas debido a la falta de infraestructura y al constante deterioro que el salitre provoca en los metales. Fue hasta la llegada del estilo neoclásico en el siglo XIX cuando se introdujeron arañas a base de gas, adaptadas posteriormente a la corriente eléctrica a mediados de la centuria pasada para armonizar con el retablo austero del templo.
Actualmente, el equipo técnico trabaja a marchas forzadas a metros de altura sobre la nave principal. Las labores no se limitan a reparar los daños causados por el rayo; implican una revisión profunda del sistema de sujeción anclado a la bóveda de cañón, la sustitución del cableado interno por tecnología LED de baja radiación térmica para no dañar las imágenes religiosas, y la limpieza minuciosa de cada prisma corroído por la humedad y la sal.
Mientras los especialistas aseguran los tensores del candelabro bajo la mirada vigilante de las autoridades patrimoniales, nada detiene la fe de los católicos, quienes asisten entre los tubos de acero y la señalética de prevención para tomar la hostia.
En Campeche, donde los huracanes y las tormentas son cotidianidad, la devoción se mantiene firme incluso cuando el cielo insiste en desplomarse sobre el altar.