CDMX. Con tono sereno pero firme, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo puso el dedo en una de las heridas más profundas de la transición democrática mexicana: la pensión vitalicia que el expresidente Ernesto Zedillo Ponce de León continúa recibiendo del Banco de México.
“Banxico, por su autonomía, no ha hecho absolutamente nada en ese sentido”, reconoció la mandataria. Y agregó: “Tiene razón, muchos —bueno, todos los que fueron gobernadores o trabajaron en Banco de México— tienen pensiones muy importantes. Vamos a ver si podemos por lo menos exponer cuáles son esas pensiones”.
El dato es elocuente. Aunque el gobierno de Andrés Manuel López Obrador canceló las pensiones vitalicias de los expresidentes, Zedillo sigue cobrando cada mes 149 mil 203 pesos, un aumento de seis mil pesos respecto a 2025. Solo en 2026, su manutención costará al erario un millón 790 mil 436 pesos.
El dinero sale íntegro del Banco de México. Mientras Carlos Salinas, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto perdieron ese
privilegio, Zedillo se curó en salud: renunció a la pensión de expresidente y se quedó con la del instituto autónomo donde antes fungió como funcionario. Es el único que conserva el beneficio.
La ironía histórica es amarga. El mismo hombre que en 1997 impulsó la reforma que eliminó el régimen solidario de pensiones del IMSS y dio origen a las Afores —un modelo que dejó a millones de adultos mayores en la incertidumbre— hoy vive de una pensión pública vitalicia. Ese cambio obligó, décadas después, a la creación del Fondo de Pensiones para el Bienestar.
Pero el costo mayor de su sexenio sigue vigente. El 12 de diciembre de 1997, en plena celebración de la Virgen de Guadalupe, se legalizó el Fobaproa: la deuda de los banqueros quebrados se convirtió en deuda de todos los mexicanos. Tres años antes, a 20 días de tomar posesión, el llamado “error de diciembre” de 1994 devaluó el peso, vació las reservas y provocó la quiebra de empresas, bancos y familias enteras.
En su Segundo Informe de Gobierno, el 2 de septiembre de 1996, Zedillo aseguró en el Diario Oficial que el rescate no era para los banqueros, sino para proteger a las familias, y que costaría “más de 180 mil millones de pesos”. La realidad resultó otra. El 4 de septiembre de este año, la presidenta Sheinbaum lo dijo sin rodeos: “Es una deuda que nunca se va a acabar de pagar.
Endeudó a la gente, se elevaron las tasas, se devaluó el peso y se rescató a los bancos y a las grandes empresas, con mucha corrupción. Con el dinero de la gente”.