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4 septiembre, 2026

DIÓCESIS

Campeche

MURO DE SILENCIO EN LA DIÓCESIS Y OBISPO

CAMPECHE, CAMP. Ante el clamor de católicos y las graves denuncias por abusos económicos y tratos humillantes que ahogan a la comunidad católica de Palizada, la cúpula eclesiástica de Campeche ha optado por el inmovilismo. Ni el obispo José González Juárez ni la Curia Diocesana han fijado una postura ni intervenido ante la conducta del párroco de la Iglesia del Señor San Joaquín, Christopher Raymond, cuyo actuar ha provocado un quiebre inédito en la fe del municipio.

A pesar de que el malestar social escaló a un punto de no retorno — tras salir a la luz cómo el sacerdote dejó plantados a los peregrinos de la tradicional “alborada” en la Ribera Alta—, las autoridades diocesanas prefieren mirar hacia otro lado. Mientras el episcopado guarda silencio, en Palizada la devoción se convirtió en un negocio con tarifas fijas e inalcanzables.

CÓMPLICES POR OMISIÓN

La inacción de la Curia no solo solapa el ahogamiento financiero a las familias, sino también la degradación pastoral y litúrgica. Testimonios como el de la señora María Crystell Delgado evidencian que el sacerdote convirtió el altar en una tribuna de rencillas personales. “Todo su sermón se va en cosas de dinero, en tirar indirectas y hablar muy feo; lo que a muchos sacerdotes les tomó años construir, este señor lo deshizo en un abrir y cerrar de ojos”, recriminó.

Asimismo, la Diócesis ha evadido fiscalizar la alteración directa de las normas de la Iglesia. Denuncias anónimas revelaron que el párroco condiciona bautizos con cuotas de 300 a 400 pesos y consiente apadrinamientos sin cumplir los requisitos doctrinales —como estar casados por la iglesia— a cambio de “fuertes cantidades de dinero”, vendiendo abiertamente los sacramentos sin que el Obispo aplique el Derecho Canónico.

ULTIMÁTUM SIN RESPUESTA

Este diagnóstico de arbitrariedad, respaldado por voces ciudadanas como la de Pedro Paredes, mantiene la convivencia parroquial en un estado insostenible. Los creyentes acusan que quien no cubre las cuotas recibe misas incompletas y despachadas “al ahí se va”, además de sufrir amedrentamientos durante el culto si suena un celular.

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