CAMPECHE.- A 87 kilómetros de la capital campechana se encuentra la comunidad de Los Laureles, un poblado de alrededor de 5 mil habitantes donde la historia, la identidad y las tradiciones todavía se entrelazan en las manos de sus habitantes. Entre ellas, aproximadamente 50 mujeres mantienen viva una de las expresiones artesanales más importantes de su cultura: el trabajo realizado mediante el telar de cintura.
En esta comunidad surgió el grupo de artesanas “Mi Mundo de Colores Laureles”, integrado inicialmente por 10 mujeres que decidieron reunirse para compartir sus conocimientos, trabajar juntas y preservar una tradición que ha pasado de generación en generación.

Grupo de artesanas “Mi Mundo de Colores Laureles”
Blusas, faldas, bolsas, morrales, pulseras, fajas, rebozos, caminos de mesa, estucheras y otras prendas forman parte de la producción artesanal que nace de sus manos. Cada pieza representa horas, días e incluso meses de trabajo, dependiendo del tamaño, los colores y la complejidad de los diseños.
Detrás de cada prenda existe un proceso minucioso que comienza mucho antes de sentarse frente al telar. La selección del hilo, el enrollado, el urdido y la preparación de cada herramienta forman parte de una labor que requiere paciencia, experiencia y precisión.
Para María Morales, de 54 años de edad y originaria de Los Laureles, el trabajo artesanal representa mucho más que una actividad económica. Es una herencia recibida de sus antepasados y una responsabilidad que ahora busca transmitir a sus hijos y a las nuevas generaciones.
La artesana explicó que uno de sus principales deseos es que la cultura de su pueblo no desaparezca con el paso del tiempo. Por ello, considera fundamental enseñar a los jóvenes los conocimientos que durante décadas fueron transmitidos dentro de las familias.
UNA HERENCIA ENTRE GENERACIONES
“Nosotros seguimos adelante para enseñar a nuestros hijos, para que esta cultura no se acabe, no se muera, sino que queremos que siga viviendo”, expresó María Morales, al hablar sobre la importancia de conservar las tradiciones artesanales de Los Laureles.
Sin embargo, reconoce que los tiempos han cambiado y que las nuevas generaciones viven una realidad distinta a la que ella conoció durante su infancia. Antes, recordó, muchos niños crecían aprendiendo labores del campo y las técnicas del tejido junto a sus padres y abuelos.
Actualmente, señaló, los jóvenes tienen acceso a nuevas tecnologías, teléfonos celulares, televisión y otras formas de entretenimiento que ocupan gran parte de su tiempo. Esta transformación social ha provocado que algunos de ellos pierdan interés en aprender los conocimientos tradicionales.
A pesar de ello, las artesanas continúan trabajando con la esperanza de despertar nuevamente el interés de los jóvenes por una actividad que forma parte de su identidad. Para ellas, el telar de cintura no es solamente una herramienta de trabajo, sino una conexión directa con su historia y sus raíces.
Pero la falta de interés entre algunos integrantes de las nuevas generaciones no es el único desafío que enfrentan. Uno de los principales problemas para continuar elaborando sus prendas es la dificultad para conseguir el hilo adecuado.
María Morales explicó que parte del material que utilizan debe conseguirse fuera del país, principalmente en Guatemala, lo que incrementa considerablemente los costos de producción y dificulta el acceso constante a la materia prima.
El hilo utilizado para sus prendas posee características especiales que, según explican las artesanas, no pueden ser sustituidas fácilmente por materiales convencionales. Se trata de un hilo cómodo, resistente y adecuado para la elaboración de prendas que pueden utilizarse en diferentes condiciones climáticas.
*EL DESAFÍO DE CONSEGUIR EL HILO
La distancia y los costos para adquirir el material se han convertido en una preocupación constante para las artesanas. En ocasiones deben contactar a personas que puedan conseguirles el hilo, aunque muchas veces el precio final resulta demasiado elevado.
Esta situación repercute directamente en el costo de las prendas. María Morales señaló que tan solo el material necesario para elaborar una blusa puede representar una inversión aproximada de mil 500 pesos, sin contar el tiempo y la mano de obra invertidos durante el proceso.
Cuando el costo del hilo aumenta, las artesanas enfrentan una difícil decisión: elevar el precio de sus productos o aceptar ganancias menores. En ambos casos, la situación representa un reto para quienes buscan mantener esta actividad como una fuente de ingresos.
Ante la escasez del material tradicional, algunas mujeres han tenido que recurrir a otros tipos de hilo disponibles en México. Sin embargo, aseguran que el resultado no es el mismo y que las características del tejido cambian.
Las diferencias pueden apreciarse tanto en la comodidad como en la apariencia final de las prendas. Por ello, las artesanas continúan buscando el material que consideran más adecuado para mantener la calidad de sus trabajos.
El proceso comienza desde la preparación del hilo. Las artesanas deben identificar qué tipo de prenda desean elaborar y calcular la cantidad de material que necesitarán antes de iniciar el trabajo.
Cada madeja debe ser revisada cuidadosamente. Una vez identificado el punto correcto, el hilo comienza a enrollarse manualmente para evitar que se mezcle con otros materiales o que se enrede durante el proceso.
EL PRIMER HILO DE LA OBRA
El enrollado puede parecer una tarea sencilla, pero requiere práctica y paciencia. Las artesanas trabajan con sus propias manos para formar las bolas de hilo que posteriormente serán utilizadas durante el urdido y el tejido.
De acuerdo con las explicaciones de las integrantes del grupo, la preparación del material puede tomar varias horas. Una sola etapa puede requerir entre una y dos horas de trabajo, dependiendo de la cantidad de hilo que se necesite.
Posteriormente comienza el proceso de urdido, una de las fases fundamentales para dar forma a la pieza que será trabajada en el telar. En este momento, cada hilo debe colocarse siguiendo una medida y un orden previamente establecidos.
Algunos hilos de colores cumplen una función especial dentro del proceso, ya que sirven como guía para contar y mantener el número correcto de hebras. Esta precisión resulta indispensable para que el tejido tenga las dimensiones deseadas.
Para elaborar prendas de mayor tamaño, como un huipil, el trabajo puede extenderse durante varios días. Las artesanas señalaron que solamente el proceso de urdido puede llevar alrededor de tres jornadas.
Cada una de estas etapas forma parte de un conocimiento que no se aprende de un día para otro. La experiencia permite a las mujeres calcular medidas, identificar errores y saber exactamente cómo debe prepararse cada tejido.
Juana Maldonado, de 38 años de edad, también forma parte de esta comunidad de artesanas. Originaria de Los Laureles y perteneciente a la etnia Mam, explicó que desde pequeña estuvo relacionada con las actividades tradicionales de su familia.
UNA CULTURA QUE SE TEJE CON PACIENCIA
Durante su infancia, recordó, acompañaba a sus familiares a las labores del campo, donde aprendió sobre la siembra y la cosecha. Con el paso de los años comenzó a interesarse por la artesanía y decidió dedicar parte de su tiempo a aprender nuevas técnicas.
Juana explicó que el proceso de elaboración cambia dependiendo del tipo de hilo y del producto que se desea realizar. Algunos materiales pueden colocarse directamente para comenzar el urdido, mientras que otros necesitan ser enrollados previamente.
Antes de iniciar cualquier pieza, la artesana debe conocer las medidas exactas del producto. También debe calcular cuántas hebras utilizará y cómo deberán acomodarse para obtener el resultado deseado.
En su caso, mientras preparaba una cosmetiquera, explicó la importancia de mantener correctamente la separación de los hilos y conservar el diseño en zigzag durante todo el proceso.
Para esta tarea utilizan un urdidor elaborado de manera artesanal con madera. La resistencia del material resulta fundamental, ya que la herramienta debe soportar la tensión generada por los hilos durante el trabajo.
La estructura puede ajustarse dependiendo de las dimensiones de la pieza. Las artesanas pueden preparar materiales para objetos pequeños o ampliar las medidas cuando elaboran prendas más grandes, manteles o faldas.
Una vez concluida la preparación, el tejido puede convertirse en diferentes productos. Dentro del grupo “Mi Mundo de Colores Laureles” se elaboran manteles, pies de cama, juegos de mesa, faldas, blusas, carteras, estucheras, bolsas, morrales, fajas, cintas y rebozos.
CADA PIEZA TIENE SU PROPIO TIEMPO
El tiempo de elaboración depende completamente de la pieza y del nivel de detalle que requiera. Una prenda sencilla puede completarse en menos tiempo, mientras que los trabajos con diseños y bordados pueden requerir meses.
Entre las artesanas se encuentra una mujer originaria de Todos Santos, de 63 años de edad, quien explicó que aprendió a trabajar el telar desde muy joven y que esta actividad ha formado parte de su vida durante décadas.
Durante la demostración del proceso, explicó cómo los hilos deben colocarse cuidadosamente en el telar. Cada uno tiene que pasar de manera individual por las herramientas utilizadas para mantener el orden correcto del tejido.
Uno de los elementos principales es conocido por algunas artesanas como “peine”, una pieza que permite acomodar y trabajar los hilos. La precisión es fundamental, ya que tomar dos hilos en lugar de uno puede alterar por completo el resultado.
El tejido requiere una concentración constante. Las artesanas deben revisar hilo por hilo, especialmente cuando desean incorporar figuras, adornos o diseños dentro de la prenda.
En los trabajos decorativos, cada detalle debe ser contado cuidadosamente. Para formar una figura es necesario conocer la posición exacta de las hebras y mantener la secuencia durante todo el tejido.
Una blusa con diseños elaborados puede requerir hasta seis meses de trabajo. La artesana debe avanzar poco a poco, aprovechando las horas del día en las que existe suficiente luz para continuar con la labor.
SEIS MESES PARA CONTAR UNA HISTORIA
En contraste, una pieza lisa puede elaborarse con mayor rapidez. Una bolsa sencilla, por ejemplo, puede requerir alrededor de una semana de trabajo diario, aunque antes debe prepararse el hilo y realizarse todo el proceso de urdido.
Las jornadas tampoco son iguales para todas. Algunas mujeres dedican dos horas durante la mañana y otras dos durante la tarde, combinando el trabajo artesanal con las responsabilidades del hogar y otras actividades cotidianas.
Entre las herramientas utilizadas se encuentran piezas conocidas por algunas artesanas como machete o espada, elementos que ayudan a mantener y trabajar el tejido. Cada mujer conoce la función de sus herramientas y adapta su trabajo de acuerdo con la pieza que desea elaborar.
Para quienes realizan bordados, el trabajo se vuelve todavía más complejo. Las agujas y los hilos deben acomodarse cuidadosamente para evitar que los diseños queden torcidos o pierdan la forma deseada.
Muchas de estas mujeres comenzaron a aprender desde niñas. Una de las artesanas recordó que inició a los ocho años de edad, cuando su madre le enseñó primero a preparar las pequeñas bolas de hilo antes de avanzar hacia las etapas más complejas.
Después de décadas de experiencia, reconoce que el conocimiento adquirido representa una parte importante de su vida. Aunque en algún momento dejó de trabajar, volvió a retomar la actividad motivada por otras personas y por el deseo de continuar creando.
La elaboración de las herramientas también representa un gasto. Algunas piezas deben ser fabricadas por carpinteros y otras tienen que conseguirse en lugares específicos, lo que incrementa la inversión necesaria para continuar trabajando.
MANOS QUE SE NIEGAN A DETENERSE
Pomelia Maldonado, de 40 años de edad, lleva aproximadamente 10 años trabajando con el telar de cintura. Durante una demostración explicó uno de los momentos más delicados del proceso: cuando el hilo utilizado para continuar el tejido llega a su fin.
Cuando la trama se termina y el tejido ya está instalado, las artesanas evitan realizar nudos que puedan afectar el resultado final. Para ello utilizan una técnica que permite esconder cuidadosamente las puntas del hilo dentro de la misma pieza.
El nuevo material debe prepararse previamente enrollándolo en un pequeño palo hasta alcanzar la cantidad necesaria para continuar con el trabajo. Posteriormente, el hilo se introduce en el tejido y las puntas quedan ocultas.
Natividad Ramírez Ortiz, de 69 años, también ha dedicado prácticamente toda su vida a la artesanía. Desde niña observó a su madre y a su abuela trabajar y utilizar prendas elaboradas de manera tradicional.
Recordó que en generaciones anteriores la ropa artesanal formaba parte de la vida cotidiana y no existía la misma variedad de prendas industriales que actualmente se encuentran en el mercado.
Al observar a las mujeres mayores trabajar, comenzó a aprender las técnicas que posteriormente desarrollaría durante su vida. A sus 69 años, aseguró que continúa trabajando y que no ha abandonado la artesanía que la ha acompañado desde su infancia.
Con el paso del tiempo aprendió a elaborar diferentes productos, entre ellos cortes, blusas, fajas, caminos de mesa, piezas para camas, bufandas, bolsas, morrales, monederos, servilletas e individuales.
EL FUTURO DE LOS COLORES
Actualmente, una de las principales preocupaciones de las artesanas es encontrar mayores oportunidades para comercializar sus productos. El talento y la experiencia existen, pero requieren espacios que les permitan llevar sus creaciones a nuevos mercados.
Natividad explicó que muchas de las mujeres saben elaborar una gran variedad de piezas, pero necesitan apoyo para encontrar compradores y mejorar la distribución de sus trabajos.
Cada producto tiene un tiempo diferente de elaboración. Un camino de mesa, por ejemplo, puede requerir alrededor de ocho días de trabajo y todavía necesitar algunos días adicionales para quedar completamente terminado.
En cada franja del tejido se colocan cuidadosamente los hilos de diferentes colores. La combinación debe seguir una medida específica para obtener el ancho y el largo que requiere cada producto.
Cuando una pieza está cerca de terminar, todavía faltan detalles importantes. Algunas artesanas deben dejar las puntas del tejido y posteriormente realizar trenzas o acabados que completan la presentación final.
Para comenzar un nuevo producto, generalmente es necesario concluir el trabajo que ya se encuentra instalado en el telar. Después, la artesana vuelve a decidir qué pieza elaborará y comienza nuevamente el proceso desde la preparación del hilo.
Así, entre madejas, herramientas de madera, colores y largas horas de trabajo, las mujeres de Los Laureles continúan tejiendo mucho más que prendas. En cada hilo conservan la memoria de sus madres y abuelas, mientras luchan para que las nuevas generaciones no permitan que esta tradición desaparezca.
En “Mi Mundo de Colores Laureles”, el telar de cintura sigue siendo una herramienta de identidad. Las manos de mujeres de distintas edades mantienen en movimiento una tradición ancestral que enfrenta nuevos desafíos, pero que se niega a detenerse.
A 87 kilómetros de Campeche, la historia continúa escribiéndose con paciencia. Cada hebra representa una enseñanza, cada diseño una expresión cultural y cada prenda terminada demuestra que, mientras existan mujeres dispuestas a enseñar y aprender, la tradición de Los Laureles seguirá viva.