CAMPECHE, CAMP. Mientras en la capital los parques se deterioran, las canchas deportivas quedan en el olvido y jóvenes carecen de espacios dignos, el presupuesto municipal de Campeche goza de una comodidad inexplicable, no le auditan ni la mitad de sus recursos. Por lo que el exalcalde de Carmen, Pablo Gutiérrez Lazarus, pide a ciudadanos no “normalizar el abandono”, ya que el castigo más duro a quienes han abandonado a la capital se debe de ver reflejado en las urnas.
Ellos llevan el mismo tiempo gobernando que nosotros en Carmen, debería de haber mejores resultados, pero no los hay”, lamentó el exedil. El contraste en el trato institucional resulta alarmante para la administración del gasto público en el estado. Gutiérrez Lazarus expuso que mientras a Carmen se le exige justificar y transparentar hasta el 80% de su presupuesto, la administración de la capital apenas es sometida a revisión en menos del 50% de sus fondos.
Esta brecha en la vigilancia permite que cientos de millones de pesos anuales se manejen con una exigencia mínima de cuentas, garantizando una tranquilidad administrativa que contrasta brillarla y dolorosamente con la realidad de las colonias capitalinas. Lejos de ser un simple problema técnico o de imagen urbana, el edil advirtió que la inacción está detonando una profunda crisis social.
Sin parques en buenas condiciones ni infraestructura deportiva digna, la población pierde alternativas sanas de esparcimiento. La falta de ocupación física y mental, producto de la omisión municipal, empuja a los sectores más vulnerables a escenarios de depresión, alcoholismo y drogadicción, convirtiendo la apatía gubernamental en un problema directo de salud y seguridad comunitaria.
MUCHO PAPEL, POCA TRANSPARENCIA
La opacidad del sistema se agrava con los métodos arcaicos de fiscalización que aún prevalecen en el territorio estatal. Gutiérrez Lazarus señaló que Campeche es la única entidad del país que sigue realizando “auditorías de papel”, obligando a mover entre 15 y 20 cajas de documentos impresos por cada obra.
Con la picardía e ironía que lo caracteriza, soltó una frase que retrata la fragilidad del proceso, “invitas unos camarones y a veces ya la auditoría pasa”, dejando ver que, entre montañas de hojas, humedad y expedientes amontonados por años, es sumamente fácil que las irregularidades queden impunes y las hojas “se pierdan en el camino”.
La severa carga administrativa impuesta a municipios como Carmen, donde el personal debe destinar la mayor parte de su tiempo laboral a sacar miles de copias e intentar cumplir con requisitos desmedidos, parece diseñada para obstaculizar la función pública de unos mientras se solapa la inoperancia de otros.
Resulta inexplicable que, frente a presupuestos millonarios en la capital, los órganos de control auditen una fracción mínima y permitan que la falta de obras continúe sin revisión. La exigencia de piso parejo en los recursos públicos queda sobre la mesa, con la advertencia de que la ciudadanía sabrá pasar la factura en las urnas a un gobierno local que visita, pero no resuelve.