CAMPECHE, CAMP. Caminar junto al mercado del barrio de San Román se ha convertido en una prueba de resistencia para la comunidad. A unos cuantos pasos de la zona donde diariamente se compran alimentos, en plena calle Prolongación Allende, un predio abandonado devora la tranquilidad del vecindario tras transformarse en un tiradero de basura clandestino. Entre olores insoportables, montañas de escombro, vidrios rotos, lavadoras viejas y bolsas acumuladas, la insalubridad avanza sin control a la vista de todos.
La crisis de higiene empeora al caer el día, pues la zona abandonada funciona también como refugio improvisado. Quienes viven cerca señalan con indignación que de manera cotidiana el sitio es utilizado como sanitario público por personas en situación de calle, lo que genera una pestilencia insoportable que obliga a los peatones a sacarle la vuelta a la calle.
Aunque en un principio varios vecinos intentaron limpiar poriniciativa propia, la acumulación constante de desperdicios y las condiciones insalubres terminaron por rebasarlos, obligándolos a desistir. El descontento es aún mayor entre los comerciantes, quienes advierten que de nada sirve el esfuerzo diario por mantener limpios sus locales si cerca opera un foco de infección que ahuyenta a clientes.
Las familias de la zona coinciden en que no es justo vivir entre la inmundicia ni asumir labores de limpieza que no les corresponden, por lo que exigen que la administración municipal active operativos de vigilancia e imponga multas y sanciones ejemplares a quien sea sorprendido tirando basura en la vía pública.
Pese a la gravedad del problema, los llamados de auxilio dirigidos al Ayuntamiento han caído en saco roto. Múltiples reportes ciudadanos han sido ignorados sistemáticamente por las autoridades, quienes hasta el momento han preferido la omisión antes que enviar cuadrillas de limpieza o dar atención integral a las personas que pernoctan en el lugar.