CDMX. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no solo extendió una invitación personal al Papa León XIV para que visite México: recibió una respuesta favorable que ya genera expectación en el país. El gesto, cargado de simbolismo político y diplomático, coloca a México en la agenda del nuevo pontífice, aunque con matices que revelan la cautela del Vaticano.
Sheinbaum explicó que la agenda del Papa León XIV prioriza actualmente visitas a Perú, Argentina y Uruguay, naciones que el Papa Francisco nunca alcanzó a recorrer. Es decir, el nuevo sucesor de Pedro busca cerrar deudas pendientes en América Latina antes de voltear hacia el país con la mayor población católica de la región.
La mandataria fue clara: No se prevé una visita papal durante el periodo electoral. La decisión, prudente y estratégica, evita cualquier instrumentalización política del pontífice. Sin embargo, existe un interés real en coordinar una fecha posterior, lo que abre la puerta a un encuentro de alto valor histórico una vez que pasen las campañas.
Más allá de la logística, la conversación entre la presidenta y el Papa León XIV tocó temas de fondo. Dialogaron sobre la reciente encíclica del pontífice, el desarme, la paz y la restauración de templos históricos a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).