CAMPECHE, CAMP. En los apiarios de la región de Los Chenes, Hopelchén, el silencio es el síntoma de una tragedia. Donde antes había un zumbido vibrante que daba vida a la selva, hoy quedan miles de abejas meliponas muertas, amontonadas en el suelo tras la última ráfaga de pesticidas. Hartos de ver cómo el veneno cae del cielo, pueblos mayas decidieron llevar el zumbido de su resistencia hasta las oficinas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).
El máximo tribunal del país acaba de atraer un juicio inédito que podría cambiar para siempre las reglas del juego ambiental en México para reconocer a las abejas como “sujetos de derecho”. El ministro Hugo Aguilar Ortiz, señaló que el caso quedó registrado bajo el expediente del amparo en revisión 790/2025.
Con una contundente votación de ocho votos a favor y solo uno en contra —el de la ministra María Estela Ríos González—, se decidió que la crisis que se vive en Campeche es de una trascendencia tal que el Estado debe fijar una postura histórica. Lourdes Medina, abogada del Centro de Derechos Humanos, explicó que este proceso legal busca atacar la raíz del problema, el valor ecosistémico de las abejas y su importancia para la supervivencia del pueblo maya.
EL VENENO CAE DEL CIELO
Mientras las autoridades ambientales de Campeche, encabezadas por Jocelyn Durán Murrieta, titular de la Semabicce, informaron que mantienen estudios técnicos en la zona y que productores agrícolas alcanzaron acuerdos para resarcir los daños mediante compensaciones económicas a los apicultores, en las comunidades mayas persiste la lucha por defender a estas especies.
La trascendencia de este juicio radica en romper el viejo molde donde la naturaleza es vista como una “mercancía” o un “recurso” propiedad del ser humano. De ganar el amparo, las comunidades indígenas se convertirían oficialmente en las guardianas de la naturaleza, con el poder legal de demandar a empresas y firmar suspensiones de obras en representación del ecosistema.
“Este caso nos permite estudiar si las comunidades indígenas pueden ser guardianas de la naturaleza y con ello acudir a juicio en su nombre y representación, así como estudiar el estándar de actuación estatal frente a la crisis ecológica”, afirmó también el ministro Irving Espinosa Betanzo durante la sesión.
Por su parte, el ministro Arístides Guerrero García enfatizó que este criterio busca proteger de manera integral a la abeja melipona, una especie estrechamente vinculada a la identidad económica, cultural e histórica del pueblo maya de Hopelchén. La batalla legal apenas comienza, pero el zumbido de la resistencia maya ya logró meterse a la Suprema Corte.

