CAMPECHE.- En entrevista para CAMPECHE HOY, José Manuel Alcocer Bernés, director del Archivo Histórico del Estado, explicó que para comprender la importancia de las haciendas Carpizo es necesario remontarse al origen de este modelo productivo durante el periodo colonial, cuando los españoles establecieron las primeras estancias tras la conquista de México.
Detalló que estas estancias fueron otorgadas a colonizadores españoles, quienes con el paso del tiempo adquirieron más extensiones de tierra y diversificaron sus actividades económicas de acuerdo con las características de cada región.
Señaló que en distintas zonas del país existieron haciendas dedicadas a la ganadería, la producción de maíz o el cultivo del henequén, mientras que en Campeche su desarrollo alcanzó mayor auge durante el Porfiriato.
Explicó que fue durante el gobierno de Porfirio Díaz cuando numerosos propietarios recibieron grandes extensiones de terreno, dando paso al crecimiento de importantes haciendas que impulsaron la economía regional, aunque también estuvieron marcadas por la explotación laboral.
Indicó que, al igual que ocurrió en Yucatán con las haciendas henequeneras, en Campeche también existieron importantes centros de producción agrícola y forestal que marcaron el desarrollo económico del estado.
El origen de las haciendas Carpizo
Alcocer Bernés relató que las haciendas San José y San Luis Carpizo fueron fundadas por José María Carpizo Sánchez, originario de Palizada, quien llegó siendo muy joven a la ciudad de Campeche junto con su familia.
Comentó que, en sus primeros años, Carpizo trabajó en comercios y tiendas de abarrotes dedicadas al intercambio mercantil con embarcaciones que arribaban al puerto de Campeche.
Posteriormente fue contratado como mayordomo en diversas haciendas cercanas, experiencia que despertó su interés por adquirir tierras y desarrollar sus propios proyectos agrícolas.
Tras contraer matrimonio con una mujer originaria de Champotón, comenzó a invertir en terrenos hasta consolidar un importante patrimonio que le permitió fundar sus propias haciendas.
Fue así como nació la hacienda San José Carpizo, considerada la primera de las propiedades de la familia y una de las más extensas de la región.
San José Carpizo, una de las más grandes
El historiador explicó que San José Carpizo contaba con una superficie superior a las 36 mil hectáreas y estaba ubicada en la zona de La Joya, antes de llegar al municipio de Champotón.
Precisó que la hacienda disponía de cuatro bodegas, ocho casas de piedra, alrededor de 135 viviendas con techos de teja, además de iglesia, tienda de raya y hasta moneda propia para las operaciones internas.
Inicialmente la producción estuvo enfocada al cultivo de maíz, aunque posteriormente se transformó en una importante hacienda dedicada a la explotación del palo de tinte.
Asimismo, diversificó sus actividades con el cultivo de caña de azúcar para la producción de alcohol, aprovechando la riqueza natural existente en la región de Champotón y la zona de los ríos.
Recordó que José María Carpizo falleció cerca de los 70 años de edad en Champotón y actualmente sus restos descansan en el cementerio de San Román, en la capital campechana.
El auge y la decadencia del palo de tinte
Alcocer Bernés explicó que durante gran parte del siglo XIX el palo de tinte fue uno de los principales productos de exportación de Campeche, debido a su utilización para teñir telas en Europa.
Sin embargo, conforme avanzó el tiempo comenzaron a surgir colorantes químicos que resultaban mucho más económicos y eficientes para la industria textil internacional.
A ello se sumó el elevado costo que implicaba trasladar el palo de tinte desde Campeche hasta los mercados europeos, situación que redujo considerablemente su rentabilidad.
Como consecuencia, numerosas haciendas dejaron de ser productivas y poco a poco fueron entrando en un proceso de decadencia económica.
El especialista indicó que este fenómeno afectó a gran parte de las antiguas haciendas campechanas, muchas de las cuales terminaron abandonadas o redujeron significativamente sus actividades.
Conservar el patrimonio es responsabilidad de todos
Respecto al estado actual de las haciendas Carpizo, el director del Archivo Histórico señaló que sí existen posibilidades de conservarlas, aunque reconoció que los recursos públicos son insuficientes para atender todo el patrimonio histórico del estado.
Consideró que también es necesaria la participación activa de los propietarios y de las comunidades que aún habitan estos espacios para preservar las construcciones originales.
Destacó que en San José Carpizo todavía permanecen viviendas con fachadas, colores y techos de teja originales, elementos que representan un importante valor histórico y arquitectónico.
Añadió que especialistas e instituciones pueden brindar asesoría para enseñar a los habitantes la manera adecuada de conservar los edificios sin alterar su valor patrimonial.
Subrayó que la protección del patrimonio debe ser un trabajo conjunto entre autoridades y ciudadanos para garantizar que estos espacios permanezcan para las futuras generaciones.
Robos ponen en riesgo la historia
Alcocer Bernés lamentó que la capilla de la hacienda haya sido víctima del robo de imágenes religiosas y piezas de gran valor histórico.
Recordó que uno de los principales atractivos del recinto era una escultura de San José tallada completamente en madera, considerada una obra de gran calidad artística.
Indicó que la falta de vigilancia y el exceso de confianza facilitaron que personas ajenas sustrajeran diversas piezas del inmueble sin mayores obstáculos.
El historiador insistió en que la comunidad debe asumir un papel más activo en el resguardo de estos bienes culturales para evitar que continúen desapareciendo elementos del patrimonio.
Explicó que la iglesia de San José Carpizo concluyó su construcción hacia finales del siglo XIX, mientras que la hacienda San Luis Carpizo fue edificada entre 1889 y 1890, ambas durante el periodo del Porfiriato, consolidándose como parte del legado histórico más importante de la región de Champotón.

