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21 junio, 2026

PESTILENCIAS

Campeche

EL CORAZON DE CAMPECHE HUELE A PESTILENCIAS

CAMPECHE, CAMP. El colapso y abandono del 88% de las plantas de tratamiento de aguas residuales en el municipio ya está cobrando una factura directa e insoportable en el primer cuadro de la ciudad. Entre el olor fétido de aguas negras brotando sobre la calle 10 en el Centro Histórico, esto ahora ha generado una oscuridad total en comercios de los portales que no solo amenaza con asaltos al caer la noche, sino que ha alejado a locales y turistas.

Sarahí Haas Cahuich, empleada del restaurante “Casa Vieja del Río” fundado en 1997 en la planta alta del edificio, reveló a Campeche Hoy que, este problema surgió desde el pasado martes a las 11 de la mañana, cuando todo inició con una falla en el registro, pero la situación se complicó cuando el área terminó inundada por aguas negras, lo que ha impedido su reparación. Tanto la CFE como la alcaldía han evitado intervenir al considerarlo un riesgo sanitario y por tratarse de una competencia que, aseguran, corresponde a la otra autoridad.

“Hace unos días hablé a la Comisión, solo escuché risas y el argumento de que “no van a meter sus manos en aguas puercas”, señaló. De igual forma, varios comerciantes han notificado la situación al Ayuntamiento, pero se deslindó asegurando que el problema es del fuero federal. “Estamos sin luz y ahora soportando olores nausea bundos por las aguas negras”, lamentó Sarahí.

COLAPSO AMBIENTAL E INSTITUCIONAL

La crisis actual mantiene a los comercios operando bajo condiciones críticas. Negocios vecinos como Moda Virtual, Modatelas o Pink Shop operan a medias con paneles solares y bancos de energía, pero carecen de la fuerza eléctrica para encender aires acondicionados, volviendo insoportable la estancia de los clientes ante las altas temperaturas actuales, que potencian el hedor del drenaje expuesto en la calle.

Por otra parte, a la par de los negocios establecidos, la crisis golpea con la misma fuerza a los comerciantes ambulantes que dependen del flujo diario de visitantes en el Parque Principal. Al ser consultados sobre la situación, diversos vendedores señalaron que tanto los cortes de luz como el brote de malos olores no son incidentes aislados, sino un problema crónico y constante con el que tienen que lidiar a diario para ganarse el sustento, lamentando el olvido por parte de la alcaldía.

Al dar las 21:00 horas, las tiendas de ropa cierran y el pasillo se sumerge en una penumbra absoluta. Sin la iluminación de los comercios ni el proyector del restaurante que solía alumbrar la entrada, la zona se vuelve una boca de lobo. “Se apaga la catedral, no hay luz en todo este pasillo. Para nosotros es muy arriesgado que en algún momento nos puedan asaltar”, advierten los trabajadores.

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Este conflicto de competencias, donde ambas instancias “se pasan la bolita”, mantiene paralizada la economía del primer cuadro de la ciudad en plena temporada. La crisis sanitaria y eléctrica no solo ahuyenta al turismo extranjero —que representa el 80% de los clientes de la zona—, sino que pone en riesgo directo las fuentes de empleo y la seguridad de los trabajadores, quienes acusan un abandono total del patrimonio histórico.

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