CAMPECHE, CAMP. Cuatro horas de lluvia ininterrumpida bastaron para que la comunidad de Ich-Ek en Hopelchén, volviera a convertirse en un gigantesco estanque. La noche de ayer el agua no solo bloqueó la carretera federal 261, sino que se metió a las casas, atrapó a nueve personas —entre ellas cuatro niños— y obligó a los vecinos a romper a golpes la barda de la escuela primaria local para evitar que el plantel quedara completamente sepultado por el lodo.
El diluvio, que comenzó a las seis de la tarde y no dio tregua hasta casi las diez de la noche, encendió las alarmas en las zonas bajas de este poblado ubicado a 15 kilómetros de la cabecera municipal. En cuestión de minutos, las calles se transformaron en corrientes violentas que arrastraban todo a su paso.
El punto crítico de la emergencia se vivió en la escuela primaria rural Justo Sierra Méndez. Con el agua subiendo rápidamente y amenazando con destruir el mobiliario, los brigadistas de Protección Civil, elementos de la Guardia Nacional y los propios habitantes tuvieron que tomar una decisión drástica de último minuto: abrir un boquete en la barda frontal de la escuela.
DAÑOS IRREVERSIBLES
A pesar del esfuerzo, el líquido logró inundar varios salones de clase, dañando material didáctico. Mientras la corriente cruzaba el centro del poblado con rumbo a las zonas agrícolas, la prioridad se centró en salvar vidas.
En medio de la oscuridad y el rugido del agua, se logró el rescate de cinco adultos y cuatro menores de edad que habían quedado atrapados en un sector de alto riesgo. Dos familias tuvieron que ser desalojadas de emergencia y pasar la noche en un refugio temporal, dejando atrás sus pertenencias para salvar la vida.
Aunque las corporaciones informaron que no hubo heridos ni pérdidas humanas que lamentar, la tensión en Ich-Ek sigue siendo máxima. Los pobladores aseguran que si la tormenta se hubiera prolongado una hora más, el agua habría superado el medio metro de altura dentro de los hogares.
ALERTA EN LA CARRETERA FEDERAL
Al amanecer de este viernes, la calma aún no regresa. Una densa lámina de agua cubre tramos de la carretera federal 261, lo que convierte el paso de vehículos y peatones en una ruleta rusa, por lo que se pide circular con extrema precaución.
Esta es la segunda inundación severa que golpea a Ich-Ek en menos de una semana. Con el pronóstico del tiempo en contra y más nubes negras en el horizonte, los habitantes duermen con un ojo abierto, sabiendo que la tierra ya no absorbe más agua y que el próximo aguacero podría ser el definitivo.