CAMPECHE, CAMP. Lo que para autoridades es una medida de protección contra el calor, para miles de padres de familia en Campeche se ha convertido en una pesadilla logística. El anuncio de la SEP de adelantar las vacaciones al próximo 5 de junio ha desatado un rechazo generalizado entre quienes ven en estos 87 días de asueto un exceso que no solo fractura la disciplina escolar, sino que deja a los trabajadores en un “callejón sin salida” al no tener dónde dejar a sus hijos mientras ellos cumplen con sus jornadas laborales.
La brecha de inactividad, que se extenderá hasta el 31 de agosto, es vista por las familias como un periodo desproporcionado que fomenta el sedentarismo digital. La preocupación central es el abandono de los hábitos, casi tres meses donde los menores, sin una oferta cultural o deportiva accesible, terminarán “pegados” a tabletas y celulares. Para los padres, este freno abrupto del ciclo escolar no es un alivio bajo la excusa de las altas temperaturas.
El impacto golpea directamente la organización del hogar promedio. “Es mucho tiempo sin que hagan nada”, es el reclamo constante en las puertas de las escuelas. Al no existir centros de resguardo o actividades académicas alternativas, la medida obliga a las familias a buscar soluciones desesperadas, dejando a los niños bajo el cuidado de parientes agotados o, en muchos casos, en la soledad de sus casas, exponiéndolos a una falta de supervisión.
En el asfalto, la economía local también resiente el “cerrojazo” anticipado. Transportistas de taxis y combis anticipan una parálisis en sus ingresos, pues el movimiento matutino de los estudiantes es el motor que sostiene sus rutas. Del mismo modo, los pequeños comercios de barrio y vendedores de alimentos que dependen del flujo escolar enfrentan ahora una sequía económica de 12 semanas que pone en riesgo su estabilidad financiera ante la falta de clientes.
La urgencia por desalojar las aulas ha trastocado incluso el valor emocional de las graduaciones. Los cierres de ciclo y fiestas de clausura, especialmente para los alumnos de sexto grado, se han tenido que organizar a las carreras, sacrificando el significado de estos logros académicos por cumplir con el nuevo calendario. Lo que debería ser un cierre ordenado se ha convertido en un trámite administrativo apresurado que deja a maestros y alumnos en la incertidumbre.