TUXTEPEC, OAX.- Las puertas de la Parroquia de San Juan Bautista no se abrieron esta vez para una celebración ordinaria; se abrieron para despedir a un hombre que, más allá de la investidura, supo caminar entre la gente. Monseñor José González Juárez se encamina hacia su nueva misión en la Diócesis de Campeche, dejando tras de sí una estela de gratitud en una comunidad que hoy se siente con el corazón dividido. El sentimiento es unánime entre los fieles, no solo se va una autoridad eclesiástica, se va un amigo y un guía que hizo de la sencillez su bandera.
El eco de las voces en el atrio de la parroquia resuena con deseos de protección y éxito. Catequistas, monaguillos, menores y ciudadanos coinciden en que la llegada del obispo electo a tierras campechanas el próximo 30 de abril es un regalo para aquella región, pues llevan consigo a un “servidor fiel”.
La nostalgia en Tuxtepec es evidente, pero la fe de sus seguidores es más fuerte; por ello, entre abrazos y bendiciones, la comunidad ha volcado sus mejores deseos para que su trayecto sea el inicio de un camino lleno de luz y servicio constante a Dios. Lo que verdaderamente resalta en esta despedida es el reconocimiento a la calidad humana de Monseñor.
Cada uno destacó que su partida deja un vacío difícil de llenar, no por la jerarquía, sino por esa capacidad única de acercarse al prójimo con humildad. El mensaje de la feligresía es claro, esperan que esa “sencillez de amor” que lo caracterizó en la Cuenca del Papaloapan sea la misma que predique en la ciudad amurallada, asegurando que su naturaleza bondadosa será su mejor carta de presentación ante sus nuevos hijos espirituales.
A pesar de la tristeza que genera la ausencia, los fieles de San Juan Bautista han decidido transformar el adiós en una oración colectiva por el buen viaje de su pastor. Finalmente, la comunidad de Tuxtepec mira hacia el horizonte con la esperanza de que pronto se nombre a un nuevo guía para la Diócesis, pero con la satisfacción de haber sido acompañados por un pastor excepcional.

