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27 abril, 2026

Campeche

“FORJÉ MI CORAZÓN COMO PADRE Y OBISPO EN TUXTEPEC”

TUXTEPEC, OAXACA. No fue una despedida común ni un mensaje de trámite. A días de dejar Oaxaca para asumir en Campeche, José Alberto González Juárez abrió el corazón y resumió en una frase lo que, para muchos, marcó el sentido de su mensaje: en Tuxtepec, dijo, aprendió a ser mejor persona y fue ahí donde Dios forjó su corazón de padre y obispo.

Desde la Catedral de San Juan Bautista de Tuxtepec, el obispo electo para Campeche lanzó un mensaje profundamente testimonial, donde no solo agradeció casi once años de camino pastoral, sino que compartió lo aprendido en una diócesis que, aseguró, dejó una huella profunda en su vida.

Recordó aquel 21 de julio de 2015, cuando fue recibido bajo la luvia entre gestos de alegría y una fe que calificó de sincera y convencida. Evocó que fue en esa tierra donde fue ungido obispo y donde, junto a su pueblo, compartió no solo la fe y los gozos, sino también penas que —dijo— los fortalecieron. Pero el centro del mensaje estuvo en lo que ese camino le dejó.

“Aquí aprendí a ser mejor persona, cristiano y sacerdote; aquí Dios forjó mi corazón de padre y obispo”, expresó, en una de las frases que más peso tuvo en su despedida y que perfila la visión pastoral con la que llegará a Campeche.

Por otra parte, en su mensaje hizo un reconocimiento amplio al pueblo creyente, agradeció a los fieles laicos, particularmente a las mujeres por su cercanía y compromiso; a las religiosas por su servicio generoso; a los sacerdotes por acompañarlo incluso en sus imperfecciones; y a jóvenes y seminaristas, en quienes dijo ver continuidad para la obra de la Iglesia.

Lejos de un discurso triunfalista, también pidió perdón por sus faltas y debilidades, al reconocer que hubo momentos en que pudo haber dificultado que la obra de Dios se manifestara con mayor fuerza, una autocrítica poco común en mensajes de despedida y que dio un tono aún más humano a sus palabras.

González Juárez definió a Tuxtepec como una Iglesia viva, cercana, generosa y profundamente creyente, y encomendó a la diócesis permanecer unida y perseverar en la fe, mientras pidió oración para la nueva misión que emprenderá. A unos días de llegar a Campeche, dejó una pista clara de cómo entiende su ministerio: desde la cercanía, la gratitud y una fe que, dijo, fue moldeada en la tierra que hoy deja atrás.

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