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21 abril, 2026

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El último banquete fue en la Chinantla

CAMPECHE, CAMP. No hubo protocolos fríos, lo que hubo fueron tambores, trompetas y el olor a leña quemada desde el amanecer. A solo 10 días de su llegada a la “Tierra del Pregonero”, el obispo José Alberto González Juárez no está haciendo maletas en un despacho; está en el corazón de la Chinantla, despidiéndose de su gente de la única forma que importa en el México profundo “compartiendo el pan y la fe”.

Mientras en Campeche ya se cuentan las horas para recibirlo este 30 de abril, en San Felipe Usila el tiempo parece haberse detenido este 20 de abril. La comunidad no dejó que su pastor se fuera con las manos vacías. En un convivio que desbordó los sentidos, González Juárez fue “abrazado” por una gastronomía que es patrimonio vivo, desde el emblemático caldo de piedra hasta el mole y la tradicional tortilla de yuca.

“Me voy con el corazón lleno y el paladar agradecido. No me despido de una parroquia, me despido de una familia que sabe cuidar a sus pastores; sigan así, apoyando al Padre Fidel y al Diácono Ramiro, porque la fe crece donde hay unión y un buen plato compartido”, señaló Monseñor a toda su gente.

“Que pruebe, que no sea la última vez”, se escuchaba entre los asistentes que pedían dejar al Obispo disfrutar su comida, mientras él, alejado de la rigidez del cargo, compartía la mesa con el padre Manolo y el párroco Fidel Méndez.

La jornada no fue solo para el paladar. El compromiso de González Juárez con su labor pastoral se mantuvo intacto hasta el último minuto. Antes de la gran comilona, el Obispo cumplió con su misión espiritual al otorgar el sacramento de la confirmación a los jóvenes de Usila, marcando así el cierre de un ciclo en esta zona del Papaloapan.

La gente de las comunidades vecinas bajó de la sierra para verlo. No iban a ver a un funcionario, iban a despedir a un hombre que, según cuentan los locales, “supo caminar con ellos”. El ambiente, cargado de nostalgia, pero también de alegría por su nuevo nombramiento, fue el preludio de lo que ocurrirá los días 25 y 26 de abril, cuando se realice la despedida oficial en su parroquia sede en Tuxtepec.

El Obispo se va de Oaxaca con el eco de las trompetas y el picante del mole aún presentes. Campeche lo espera con los brazos abiertos y una cultura distinta, pero González Juárez lleva consigo el “blindaje” de una zona que lo despide como a uno de los suyos. Tras dejar Usila hoy, el Obispo iniciará una cuenta regresiva crítica. Le quedan menos de dos semanas para cambiar las montañas de la Chinantla por las murallas de Campeche, llevando bajo el brazo el respaldo de una feligresía que hoy, literalmente, lo alimentó para el viaje que cambiará el rumbo de su vida religiosa.

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