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17 abril, 2026

Centro Histórico

Campeche

Centro Histórico, Patrimonio bajo resguardo.

El desafío de la accesibilidad en el corazón amurallado.

CAMPECHE.- El Centro Histórico de San Francisco de Campeche, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad, enfrenta actualmente un dilema ético y estructural que divide a la opinión pública: la imposibilidad de modificar sus banquetas para la instalación de rampas de acceso universal. Esta restricción no responde a una falta de voluntad política o sensibilidad social, sino a un complejo entramado de leyes de protección patrimonial que priorizan la conservación de la fisonomía colonial sobre cualquier alteración física. Las banquetas, muchas de ellas con dimensiones y materiales originales, son consideradas elementos arquitectónicos protegidos que no pueden ser intervenidos sin poner en riesgo la declaratoria internacional.

 

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) mantiene una vigilancia constante sobre el primer cuadro de la ciudad, aplicando normativas federales que prohíben la demolición, recorte o modificación de los niveles de las aceras. Según los criterios de restauración, cualquier cambio en la volumetría de las banquetas alteraría la relación espacial entre la calle y la fachada de los edificios históricos. Esta rigidez normativa busca evitar que el centro pierda su autenticidad, ya que las rampas convencionales requerirían pendientes y anchos de vía que el diseño actual, de calles estrechas y arquitectura militar, simplemente no puede albergar sin destruir el material pétreo original.

 

Además de las leyes federales, la geografía urbana de Campeche presenta desafíos técnicos insuperables para la ingeniería moderna. Muchas de las banquetas del centro son extremadamente angostas, resultado de una planeación defensiva y habitacional del siglo XVIII que no contemplaba el tránsito inclusivo contemporáneo. Instalar rampas con las especificaciones técnicas adecuadas para sillas de ruedas obligaría a invadir el arroyo vehicular o a socavar los cimientos de casonas antiguas, lo que comprometería la estabilidad de estructuras que han permanecido en pie por más de doscientos años bajo condiciones de humedad extrema.

 

 

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Otro factor determinante es la unidad visual y estética del conjunto amurallado. El uso de materiales específicos, como la piedra de cantera y los empedrados tradicionales, forma parte de la identidad que el organismo internacional protege. La introducción de concreto o materiales modernos para nivelar accesos rompería con el discurso arquitectónico de la ciudad. Los expertos en conservación argumentan que el patrimonio no es solo el edificio, sino el entorno completo, incluyendo la altura de las aceras y la continuidad de los pavimentos, lo cual constituye un registro histórico de la vida urbana de siglos pasados.

 

 

Las autoridades municipales han explorado alternativas que no impliquen la modificación directa de las banquetas, como la instalación de rampas móviles o la nivelación de calles completas a un solo plano. Sin embargo, estas soluciones suelen enfrentarse a presupuestos elevados y a la complejidad de gestionar el drenaje pluvial en una ciudad que sufre de inundaciones constantes. Al no poder bajar la banqueta hacia la calle ni subir la calle hacia la banqueta de manera generalizada, el centro permanece en un estado de preservación que, irónicamente, dificulta la vida diaria de las personas con movilidad reducida.

 

Desde la perspectiva del derecho internacional, la conservación del patrimonio es una responsabilidad que el Estado Mexicano adquirió ante la comunidad global. Cualquier intervención mayor que desvirtúe el carácter original de San Francisco de Campeche podría derivar en una amonestación por parte de la UNESCO o, en casos extremos, en la pérdida del título de Patrimonio de la Humanidad. Este riesgo obliga a los urbanistas a caminar con cautela, priorizando la restauración técnica sobre las necesidades de infraestructura moderna, bajo la premisa de que el pasado debe heredarse intacto a las futuras generaciones.

 

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La falta de accesibilidad genera un descontento creciente entre los colectivos de personas con discapacidad, quienes señalan que la preservación de las piedras no debe estar por encima de la dignidad humana. A pesar de estos reclamos legítimos, el marco jurídico actual no permite excepciones, lo que mantiene al Centro Histórico en una suerte de cápsula del tiempo. La tensión entre el progreso social y la custodia histórica ha creado un punto muerto donde la innovación urbana se ve frenada por la necesidad imperante de no borrar las huellas del Campeche antiguo.

 

El futuro de la movilidad en el centro depende de una reinterpretación de las leyes de conservación que aún no se ha consolidado. Mientras no existan nuevas directrices que permitan integrar tecnologías de accesibilidad sin dañar el tejido histórico, las banquetas de la capital campechana continuarán siendo testigos mudos de una época inaccesible. Por ahora, el compromiso con la historia sigue siendo el principal obstáculo para que el corazón de la ciudad sea un espacio verdaderamente transitable para todos sus ciudadanos y visitantes.

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