CDMX – Mientras el Papa León XIV alza la voz desde el cielo rumbo a África para gritar “¡Basta ya de guerras!”, el presidente Donald Trump responde con una provocación sin precedentes: se presenta a sí mismo como Jesucristo sanando enfermos y acusa al Pontífice de “hacer daño a la Iglesia” por complacer a la izquierda.
En medio de esta tormenta, el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño cierra filas con el Papa estadounidense y le brinda su apoyo total. Tres frentes que desnudan la mayor crisis entre la Casa Blanca y el Vaticano en la era Trump.
REDOBLA SU CRUZADA POR LA PAZ
En el vuelo Roma-Argel que marcó el inicio de su tercer viaje apostólico a África, el Papa León XIV fue tajante y sereno ante casi 70 periodistas: “No considero mi papel como el de un político, no soy un político, no quiero entrar en un debate con él”.
Dirigiéndose directamente a las duras críticas de Donald Trump, el Pontífice estadounidense subrayó que su mensaje es uno solo: el Evangelio.
“Sigo alzando la voz contra la guerra, tratando de promover la paz, fomentando el diálogo y el multilateralismo”, afirmó con firmeza.
León XIV dejó claro que no le teme a la administración Trump: “Seguiré hablando en voz alta del mensaje del Evangelio”.
El viaje a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial —que él mismo definió como el primero que deseaba realizar— busca ser un puente de reconciliación y diálogo interreligioso, especialmente en la tierra de San Agustín.
CELAM SE PONE DEL LADO DEL PAPA
Desde Bogotá, el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) expresó su “cercanía y apoyo total” al Papa León XIV ante la escalada de tensiones con Trump.
Los obispos latinoamericanos destacaron que la guerra “fragmenta a la humanidad mientras la esperanza la une” y advirtieron sobre las consecuencias humanas, sociales y éticas de los conflictos actuales en Ucrania, Sudán y Líbano.
En comunión con el Pontífice, el CELAM insistió en que la paz exige “procesos profundos de cambio interior, justicia y disposición al perdón”, y llamó a las Iglesias particulares a convertirse en “laboratorios de paz”. Los prelados pidieron al Espíritu Santo que ilumine las decisiones de los líderes mundiales para proteger la vida y aliviar el sufrimiento de las víctimas.

