CAMPECHE, CAMP. La cuenta regresiva llegó a su fin. Con el termómetro rozando los 34 grados y la piel impregnada de arena, cientos de familias campechanas tomaron por asalto Playa Bonita este domingo en un desesperado intento por exprimir las últimas horas de libertad antes de que el lunes, a primera hora, el sonido de la alarma y la rutina escolar pongan punto final al descanso.
Lo que hoy se respira en el balneario inclusivo no es solo el aroma a brisa marina; es la adrenalina de aprovechar el último chapuzón. Desde temprano, la arena se transformó en un mosaico de color, hieleras abarrotadas, sombrillas multicolores, balones surcando el aire y el inconfundible sonido de niños gritando bajo el sol, ajenos a la carga de libros y tareas que les espera mañana.
Para muchos, este domingo fue el último escudo contra la cotidianidad. Padres de familia, agotados pero decididos a regalarles un recuerdo más a sus hijos, sacaron sus trajes de baños, gorras y toda la parafernalia playera, ignorando la advertencia de los pronósticos que, aunque prometían un cielo mayormente despejado, no lograban enfriar el ambiente festivo.
El calor intenso, con máximas de 34°C, se convirtió en el mejor aliado de los bañistas. A pesar de que el Servicio Meteorológico Nacional advirtió apenas un 3% de probabilidad de lluvia en el sur del estado y vientos de componente este-noreste con rachas de hasta 50 km/h que azotaron la costa y una mínima de 23°C, el clima pareció alinearse con los deseos de la gente.
Mientras las familias se entregaban al descanso, el despliegue de seguridad era evidente. Elementos de diversas corporaciones patrullaron tanto la orilla como el agua, buscando mantener el orden ante la saturación del balneario. La consigna era clara, evitar que el último día de diversión se convirtiera en una estadística trágica, manteniendo el ojo clínico sobre quienes, entre refrescos y botanas, decidieron desafiar el oleaje.

