CAMPECHE.- Bécal se mantiene como el corazón emblemático de la elaboración de sombreros de palma de jipijapa, una labor que ha pasado de generación en generación.
La memoria colectiva destaca la figura de Don Sixto García como el hacendado que introdujo la semilla de palma desde Petén, Guatemala; relatos sugieren que el arte del tejido ya latía en las manos de pobladores antes de su llegada masiva, consolidando una herencia que hoy define a la región. Entre los nombres destaca Don Tino Chico, señalado por tejedores como uno de los pioneros en dar forma a las fibras naturales.
Los artesanos actuales se reconocen como una segunda o tercera generación de un conocimiento técnico que ha convertido a este rincón de Calkiní en un referente internacional de la sombrería fina. Uno de los pilares de esta tradición es la cueva, un espacio excavado en el suelo calizo que ofrece la humedad necesaria para que la fibra del jipijapa no se quiebre durante el tejido.
Muchas de estas cavidades tienen más de 90 años de antigüedad; el proceso de su creación ha estado rodeado de misticismo, pues no es raro escuchar relatos sobre el hallazgo de piezas arqueológicas y figuras de piedra durante la excavación. En décadas pasadas, el sombrero no era solo una prenda de vestir, sino una moneda de cambio vital para la subsistencia de las familias campechanas.
A través del trueque, intercambiaban sus creaciones por arroz, frijol o azúcar. Aunque el dinero circulaba, el sistema de intercambio era una opción que permitía a los tejedores asegurar el sustento directo de sus hogares mediante su trabajo manual. Con el tiempo, la delicadeza y calidad del jipijapa ganaron terreno, elevando el prestigio del trabajo local.
Este cambio marcó una evolución en la técnica y en el valor comercial del producto, diferenciando claramente los niveles de finura que hoy se pueden encontrar en las diversas galerías y talleres de la localidad. La fisonomía de Bécal también rinde homenaje a este arte a través de su arquitectura pública y monumentos emblemáticos. La famosa Fuente de los Tres Sombreros, ubicada en el parque principal, es el símbolo visual más potente de esta identidad.
Construida hace aproximadamente 70 años, coincidiendo con la remodelación del centro, la fuente se ha convertido en un punto de referencia para locales y visitantes, aunque la autoría exacta de su diseño se ha diluido ligeramente en el tiempo. Hoy, Bécal enfrenta el reto de preservar este patrimonio ante la modernidad, manteniendo la esencia de sus fundadores como Don Tino y Don Sixto.

