CAMPECHE, CAMP. Las cortinas de hierro del Nacional Monte de Piedad en Campeche no solo mantienen encerradas las alhajas y herramientas de miles de familias; también mantienen cautiva la tranquilidad económica de un estado que ya no sabe a dónde acudir. Lo que inició como un conflicto laboral en octubre pasado, se ha convertido hoy, tras seis meses de huelga, en un “secuestro” institucional de bienes donde el usuario es el único que siempre pierde.
Mientras el Patronato y el Sindicato se despedazan en una guerra de cifras y tecnicismos legales, en las banquetas de la Sección 22 de Campeche, la realidad tiene rostro de angustia. Esto pues miles de campechanos que dependen de los préstamos prendarios para cubrir emergencias o gastos básicos se han quedado sin este mecanismo de liquidez.
Para una de las usuarias, Doña Lourdes Pérez Rendón, la huelga no es una gráfica de pérdidas y ganancias, es un golpe directo al estómago. Con dos prendas empeñadas que suman más de 14 mil pesos en valor, se encuentra en un limbo financiero, tiene que seguir pagando refrendos en bancos como Banamex o sucursales de Oxxo para no perder su patrimonio, pero no puede recuperar sus joyas ni aprovechar el alza en el precio del oro para obtener mayor liquidez.
“La huelga no termina y tengo que estar pagando sin que el Monte de Piedad esté abierto. El dinero no me genera intereses a favor. Si pudiera sacarlas y volverlas a empeñar ahora que subió el oro, tendría un dinerito más, pero aquí no hay solución”, lamenta doña Lourdes mientras observa las banderas rojinegras que bloquean el acceso a su patrimonio.
FLEXIBILIDAD C ONTRA RESPETO
Su miedo es el de miles: “Si se pierde mi prenda, ¿quién me la va a recuperar? No hay nadie”. La parálisis que hoy cumple medio año se resume en cinco puntos clave que mantienen a Campeche en vilo pues esta huelga estalló por el incumplimiento de acuerdos firmados en febrero de 2024 y la disputa por el Contrato Colectivo de Trabajo (CCT).
Los protagonistas de este movimiento que parece no tener fin, son el Patronato de la institución, que alega una “quiebra inminente” si no hay flexibilidad, y el Sindicato (liderado localmente por figuras como Eudalio Montalvo Chi), denuncia la eliminación unilateral de prestaciones y el pisoteo del escalafón.
Mientras estas dos fuerzas chocan, el impacto social se desborda. Miles de campechanos que recurren al empeño para cubrir urgencias médicas o gastos básicos se han quedado sin su principal mecanismo de liquidez. Para muchos, la opción de ir a la Profeco ya no es una sugerencia, sino una necesidad urgente ante la falta de respuestas claras sobre el destino de sus pertenencias.
La huelga en el Nacional Monte de Piedad ha dejado de ser un tema de “derechos laborales” para convertirse en una crisis de confianza pública. Mientras las oficinas sigan cerradas, el mensaje para el usuario es claro, sus pertenencias están bajo llave, sus pagos deben seguir fluyendo, y nadie, absolutamente nadie, se hace responsable del tiempo perdido.

