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8 abril, 2026

Bécal

Campeche

El legado entretejido de Bécal: Del trueque de sombreros a la historia de sus cuevas.

CAMPECHE.- Bécal se mantiene como el corazón emblemático de la elaboración de sombreros de palma de jipijapa en el estado de Campeche, una labor que ha pasado de generación en generación. Aunque la memoria colectiva destaca la figura de Don Sixto García como el hacendado que introdujo la semilla de la palma desde Petén, Guatemala, los relatos locales sugieren que el arte del tejido ya latía en las manos de los pobladores antes de su llegada masiva, consolidando una herencia que hoy define a la región.

 

Entre los nombres que resuenan en las crónicas orales destaca Don Tino Chico, señalado por los tejedores veteranos como uno de los pioneros en dar forma a las fibras naturales. Si bien figuras como Don Sixto García fueron fundamentales para la expansión del cultivo, los artesanos actuales se reconocen como una segunda o tercera generación de un conocimiento técnico que ha convertido a este rincón de Calkiní en un referente internacional de la sombrerería fina.

 

Uno de los pilares de esta tradición es la cueva, un espacio excavado en el suelo calizo que ofrece la humedad necesaria para que la fibra de jipijapa no se quiebre durante el tejido. Muchas de estas cavidades tienen más de 90 años de antigüedad, y el proceso de su creación ha estado rodeado de misticismo; no es raro escuchar relatos sobre el hallazgo de piezas arqueológicas y figuras de piedra durante la excavación de cimientos, lo que vincula el oficio actual con antiguos asentamientos sagrados.

 

En décadas pasadas, el sombrero de jipijapa no era solo una prenda de vestir, sino una moneda de cambio vital para la subsistencia de las familias campechanas. A través del trueque, los artesanos intercambiaban sus creaciones por productos básicos como arroz, frijol y azúcar en las tiendas del centro de Bécal. Aunque el dinero circulaba, el sistema de intercambio era una opción voluntaria que permitía a los tejedores asegurar el sustento directo de sus hogares mediante su trabajo manual.

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Antiguamente, el tejido se centraba principalmente en la palma común, siendo el jipijapa un material más exclusivo y menos difundido entre la población general. Con el tiempo, la delicadeza y calidad del jipijapa ganaron terreno, elevando el prestigio del trabajo local. Este cambio marcó una evolución en la técnica y en el valor comercial del producto, diferenciando claramente los niveles de finura que hoy se pueden encontrar en las diversas galerías y talleres de la localidad.

 

La fisonomía de Bécal también rinde homenaje a este arte a través de su arquitectura pública y monumentos emblemáticos. La famosa Fuente de los Tres Sombreros, ubicada en el parque principal, es el símbolo visual más potente de esta identidad. Construida hace aproximadamente 70 años coincidiendo con la remodelación del centro, la fuente se ha convertido en un punto de referencia para locales y visitantes, aunque la autoría exacta de su diseño se ha diluido ligeramente en el tiempo.

 

El proceso de elaboración sigue siendo una tarea de paciencia y precisión que involucra a familias enteras en la humedad de las cuevas. Esta técnica, que permite que la palma se mantenga flexible, es lo que otorga al sombrero de Bécal su durabilidad y suavidad características. Los maestros tejedores actuales mantienen vivo el oficio, adaptándose a los nuevos mercados pero respetando las enseñanzas de aquellos primeros personajes que trajeron la semilla a suelo campechano.

 

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Hoy, Bécal enfrenta el reto de preservar este patrimonio ante la modernidad, manteniendo la esencia de sus fundadores como Don Tino y Don Sixto. La historia de los sombreros es, en última instancia, la historia de un pueblo que supo escarbar en la tierra para proteger su arte, transformando una fibra vegetal en un símbolo de orgullo nacional que sigue cruzando fronteras.

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