San Francisco de Campeche, Camp. Con 27 años, Citlali Guadalupe Herrera Espinoza suma tres años como elemento del programa Mujer Valiente, dentro de la corporación policial, a la que ingresó tras concluir la licenciatura en Criminología. Su historia no comenzó en la academia, sino en casa, creció escuchando las vivencias de su padre, quien sirvió durante 30 años y hoy está retirado, y de su hermano, que sigue en activo. “Viene de herencia… eso me motivó”, resume.
Para ella, la placa de policía no solo es un símbolo de autoridad, sino un escudo para ayudar a los demás y proteger lo que más ama. Por ello, decidió que su mejor aporte a la sociedad no está en un escritorio, sino en la calle, por lo que eentiende que ser policía en estos tiempos exige un equilibrio casi imposible: la firmeza para enfrentar el miedo y la ternura para no olvidar por quién se lucha. Es una mujer de acción que ha encontrado en la corporación el espacio para demostrar que se puede ser guardiana de la ley sin dejar de ser el pilar de un hogar.
-¿Qué te impulsó a querer ser policía?
“Viene de herencia. Mi padre entregó 30 años de su vida al servicio y mi hermano sigue en activo; crecí rodeada de sus historias. Eso me motivó a unirme, pero el impulso real es el deseo de cuidar a los demás y, sobre todo, proteger a mi familia”
¿Qué sentiste cuando entraste a la corporación?
“Sobre todo me sentí orgullosa de todo el esfuerzo que había puesto para lograr entrar a la corporación y me siento orgullosa de pertenecer”
-¿Cuántos años llevas en la fuerza policial?
“Al menos tres años, yo estudié estudiar la licenciatura de Criminología en una institución privada, cuando ingresé me sentí orgullosa de todo mi esfuerzo
-¿Cuándo ingresaste hubo algún obstáculo o algo que enfrentaras?
“Este trabajo no es fácil, le he puesto mucho empeño para superar cada obstáculo, pero es gratificante ver que ayudar a las personas sirve de algo”
-¿Cómo son tus días y que te impulsa a seguir?
“Me levanto desde temprano, pienso siempre a mi familia que es mi motor, mi esposo que también es policía y mi pequeña de 8 meses. Me impulsan a presentarme a trabajar y hacer justicia por quienes más lo necesitan, aportar un granito de arena a la sociedad”
-¿Cómo divides tu tiempo entre ser madre y ser policía?
“El trabajo es 24 por siete, pero cuando antes que naciera mi hija tuve 3 meses por ley, ya luego como estoy lactando estoy de lunes a viernes, pero si se me necesita voy y además en ´Ciudad Segura´ contamos con un área de lactancia, se me permite estar con mi hija”
-¿Cómo le haces para separarte de tu hija, quien la cuida?
“Mi mamá es mi más grande apoyo, ella la cuida, pues tanto yo como mi esposo que llevamos un año de casados somos policías, eso demanda tiempo. Al interior de la corporación, la secretaria Marcela ha estado muy pendiente de nosotras desde el primer momento, le importa la integridad de cada una y también de los compañeros”
-¿Hay tiempo para la diversión?
“Claro, sabiendo organizarse hay tiempo para la familia, para salir y distraerse, ansío mis vacaciones para poder estar con mi hijita y mi esposo, así como mi familia”
¿Ha habido momentos de miedo?
“Claro, el miedo es parte fundamental dentro de ese trabajo pero lo importante más que nada es saber canalizar ese miedo, porque te ayuda a aclarar y saber tomar decisiones”
¿Cómo fue tu experiencia en la marcha del 8M?
“Estuve presente durante la marcha, lloré no lo niego, tuve miedo, fue difícil a pesar de la capacitación que se nos brinda, se entiende la causa, pero después de todo yo solo quería llegar a casa y ver a mi pequeña. Mi familia de inmediato me llamó para saber cómo estaba”
¿Qué mensaje le compartirías a las mujeres?
“Para todas que hoy en día sufren de violencia, no teman alzar la voz, no están solas, pueden pedir ayuda lo cual no es un sinónimo de cobardía, al contrario, el paso más difícil es ese y eso significa que eres una ´Mujer valiente´”
Cuando la jornada termina y el sol cae sobre la ciudad, Citlali se despoja del equipo táctico, pero no de su misión. Para ella, cada turno cumplido es una promesa mantenida con su hija y con cada ciudadano. Su historia demuestra que la seguridad no solo se trata de patrullas y sirenas, sino del valor de una mujer que decidió que su mayor legado sería entregar su esfuerzo diario para que, un grano de arena a la vez, el miedo deje de ser el dueño de nuestras calles.

