CAMPECHE, CAMP. En un estado donde el silencio ante el “cobro de piso” y las amenazas telefónicas comenzaba a volverse parte del paisaje cotidiano, el Congreso local finalmente ha dado un paso que promete cambiar las reglas del juego. Es la actualización de los “colmillos” de la ley para que los extorsionadores dejen de encontrar huecos legales en el Código Penal del Estado.
El diputado Josué Rodríguez, señaló que, bajo la urgencia de frenar uno de los delitos que más asfixia a los comerciantes y familias campechanas, legisladores aprobaron este jueves la armonización de la legislación local con la Ley General en materia de Extorsión. Esto hará que el castigo sea igual de severo aquí que en el resto del país, eliminando las fronteras que los delincuentes suelen usar a su favor.
Hasta hoy, denunciar una extorsión en Campeche podía sentirse como gritar en el vacío si el marco legal no era lo suficientemente robusto. Con esta reforma, la justicia estatal se alinea con la estrategia federal, permitiendo procesos de investigación más ágiles y sanciones que realmente pesen. Ya no es solo “armonizar papeles”, es dotar a la Fiscalía de herramientas para rastrear y castigar el delito que se esconde tras un celular o una nota amenazante.
Durante la sesión, el legislador detalló el recorrido de esta iniciativa, que fue impulsada desde enero por el Ejecutivo estatal y dictaminada en fast-track por la Comisión de Procuración e Impartición de Justicia. Tras una reunión de trabajo celebrada apenas el pasado 7 de marzo, el dictamen llegó al pleno con la urgencia que el clima de seguridad demanda.
Más allá de los antecedentes legislativos y los decretos mencionados en tribuna —como el que rige al Instituto de Acceso a la Justicia—, lo que el ciudadano necesita saber es que esta reforma busca que la justicia sea un mecanismo real de protección. La descentralización y sectorización de los organismos de justicia, discutida en la sesión, apunta a que el estado tenga mayor control y eficiencia al momento de perseguir a quienes intentan vivir del miedo ajeno.

