Descentralización y fuga de talentos

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La noticia que ha prevalecido es la discusión sobre las propuestas de austeridad y contra la corrupción del presidente electo López Obrador. Si bien me parece muy importante poner estos temas sobre la mesa, reconozco que el enfoque de algunas políticas también me generan incertidumbre.

Hasta principios de este año tuve el honor de servir a mi país como Presidente del Instituto de Administración y Avalúos de los Bienes Nacionales (INDAABIN), y desde mi experiencia, debo señalar que tanto la descentralización o pulverización del ejercicio de la función pública, como el desmedido recorte de salarios a servidores públicos son las propuestas que me preocupan.

Si bien, al día de hoy, el gobierno cuenta con 116 inmuebles distribuidos en 25 estados de la República, esto no significa que sean idóneos para cada dependencia que se descentraliza; justamente la razón por la cual forman parte de este inventario, es que no fueron considerados útiles para el servicio público.

Por ello, el papel del INDAABIN será trascendental en la implementación de esta política, pues es necesario que avale la cantidad de personas que estarán en cada inmueble, autorice los arrendamientos correspondientes y los proyectos de obra pública.

Dentro de este punto, es importante señalar que el argumento del nuevo gabinete se ha centrado exclusivamente en la necesidad de promover el desarrollo económico regional, y se ha pasado por alto el aspecto más importante de esta propuesta y del servicio público: su capital humano.

Desplazar al personal por la República es algo sumamente complejo que requiere una adecuada planeación estratégica. Durante muchos años, se ha satanizado a los funcionarios públicos; y en ese sentido, habría que reconocer que sus condiciones laborales han ido disminuyendo y los centros de trabajo demeritándose.  Ni que decir de un sistema de evaluación que premie la productividad o que facilite la separación a quien no cumpla adecuadamente los objetivos de sus plazas.

Señalar a los miles de servidores públicos como corresponsables de los complejos problemas que tenemos, solamente me parece una válvula de escape que redirige el resentimiento social a quienes menos la deben.

Si lo que se busca es acabar con la ineficiencia, el despilfarro y la corrupción, es inminente poner en el centro del ejercicio de gobierno al servidor público. Diseñando políticas de recursos humanos que permitan la atracción de talento, con centros de trabajo dignos donde la tecnología facilite la transparencia y eficiencia para el ciudadano. Cualquier otra opción, es una equivocación.

¡Hasta nuestro próximo encuentro

Maestra Soraya Pérez Munguía