¡Te extrañamos amigo!

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Se han ido 365 días sin sus consejos, sin su enseñanza, sin su cariño y pasión a lo que hacía, y a un año de su partida, la comunidad del Taekwondo sigue lamentando la usencia de Edgar Luis Leyva Celorio, entrenador que hasta el último momento, estuvo entregado a su disciplina.

Con 38 años de edad, muchos sueños y proyectos por realizar y una extraordinaria familia personal, pero también en lo que tanto amó que fue el Taekwondo, Edgar fue sorprendido por esa terrible enfermedad conocida como cáncer, y a pesar de luchar como un valiente y afrontando todos los retos que tenía enfrente sin quejarse, sin permitirse dar un paso atrás, su cuerpo ya no pudo más y finalmente fue sediendo a los daños causados.

Pero sin duda, hoy se le sigue extrañando su sonrisa, su mano franca, sus palabras, sus consejos, esos momentos en donde se le podía ver lograr medallas en Olimpiadas Regional y Nacional, en selectivos estatales, y llevar a varios tabasqueños a ser considerados a Selección Mexicana en Categoría Juvenil.

Preocupado siempre por la actualización y desarrollo de sus programas, pero sobretodo, por inculcar valores y disciplina de manera lúdica a la Niñez del Taewondo, trajo a los mejores entrenadores del mundo que estaban al alcance para impartir cursos en favor de los taekwondoínes.

Con un profundo amor a Tabasco, no sólo pensó en su disciplina, sino también en su estado, por lo que organizó la mejor competencia de Taekwondo en el Sureste, misma que comenzó en Balancán y que en Villahermosa logró albergar cerca de dos mil competidores de todo el país e incluso de Mundo, convirtiendo “La Copa de los Ríos” Como una empresa que generaba mucha derrama económica para el estado.

Cómo no extrañarte amigo, si apesar de que el Taekwondo sigue cumpliendo con ese legado que tu tanto fomentaste y que tus Jaguares siguen en Pie de Guerra, siempre hace falta estrechar tu mano en estos días de fraternalidad y camadería, esa que al final te ganaste a pulso el día de tu partida.

Pero sabemos que sigues aquí, en otro plano, pero cuidando de todos lo que hoy te recuerdan con cariño.