CDMX – A solo minutos de que expirara su ultimátum, el presidente Donald Trump anunció la suspensión de los ataques contra Irán durante dos semanas, tras un intenso diálogo mediado por Pakistán. Sin embargo, la tregua es condicional y frágil: Irán debe aceptar la “apertura completa, inmediata y segura” del Estrecho de Ormuz, o la ofensiva contra su infraestructura se reactivará con fuerza.
En un mensaje publicado en Truth Social, Trump detalló que, tras conversaciones con el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif y el mariscal de campo Asim Munir, aceptó detener “el bombardeo y el ataque contra Irán por un período de dos semanas”, siempre y cuando Teherán garantice el libre paso por el estrecho estratégico, vital para el comercio global de petróleo.
“Basado en las conversaciones con Pakistán, donde me pidieron que detuviera la fuerza destructiva que se enviaba esta noche a Irán, y sujeto a que la República Islámica de Irán acepte la APERTURA COMPLETA, INMEDIATA y SEGURA del Estrecho de Ormuz, acepto suspender los ataques”, escribió el mandatario.
La pausa llega en medio de una escalada tensa: Trump había amenazado con golpear duramente la infraestructura energética y civil de Irán si el estrecho —por donde pasa cerca del 20% del petróleo mundial— permanecía bloqueado como represalia en el conflicto.
Fuentes indican que la mediación pakistaní fue clave para evitar una ofensiva inminente. Hasta el momento, Irán no ha emitido una respuesta oficial a la propuesta de tregua. Analistas advierten que cualquier incumplimiento por parte de Teherán podría desatar una nueva ronda de ataques aún más devastadores.
El mundo contiene el aliento: ¿abrirá Irán el estrecho a tiempo o Trump reactivará la máquina de guerra? La pelota está ahora en el tejado de Teherán.
IRÁN LANZA MISILES CONTRA GIGANTE PETROQUÍMICO
En un dramático giro de la creciente confrontación regional, Irán afirmó que atacó con misiles y drones el complejo petroquímico saudí de Jubail, uno de los mayores del mundo, y que habría sufrido “graves daños” según la versión de Teherán.
El movimiento se presenta como represalia directa por los recientes bombardeos de Estados Unidos e Israel contra instalaciones energéticas iraníes. Vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), “el mayor complejo petroquímico de la región, situado en Al Jubail (Arabia Saudí) —propiedad de las empresas estadounidenses Sadara, ExxonMobil y Dark Chemical— sufrió graves daños a causa de ataques precisos con misiles y drones”.
El CGRI aseguró en un comunicado que el ataque se ejecutó “de forma eficaz” con misiles de medio alcance y varios drones suicidas, alcanzando en particular el complejo de Sadara —una joint venture valorada en unos 20 mil millones de dólares entre Aramco y Dow— y otras instalaciones en la zona, incluyendo una asociada a ExxonMobil.
Fuentes en tierra y reportes independientes confirman que el ataque nocturno provocó explosiones e incendios de gran magnitud en la Ciudad Industrial de Jubail, un hub estratégico que representa entre el 7% y el 12% del PIB saudí y concentra una enorme parte de la inversión extranjera directa en el reino. La zona procesa cientos de miles de barriles diarios de petróleo y petroquímicos, por lo que cualquier interrupción significativa podría tener repercusiones en los mercados energéticos globales.

