MÉXICO- Con voz firme y cargada de esperanza, el papa León XIV hizo un llamado directo y urgente a los líderes políticos y militares de todo el mundo: Abandonen toda aspiración de dominio o conquista, antepongan el diálogo a la violencia y pongan fin a los conflictos que ensangrientan la humanidad.
Desde la Basílica de San Pedro, durante su primera Vigilia Pascual como Sumo Pontífice, el Pontífice recordó que el amor de Dios resucitado es más poderoso que cualquier piedra de sepulcro, incluida la del odio y la guerra.
A través de sus redes sociales, mostró que la celebración, conocida como la “madre de todas las vigilias”, se extendió por casi tres horas y estuvo llena de símbolos profundos. Comenzó con el rito del fuego nuevo y el encendido del Cirio Pascual en la Basílica a oscuras.
El Papa, junto a los obispos, entró en procesión cantando el Lumen Christi (“Luz de Cristo”), mientras miles de fieles encendían sus velas, iluminando el templo y simbolizando la victoria de la luz sobre las tinieblas del pecado y la muerte.
Un diácono entonó con solemnidad el Pregón Pascual (Exsultet) ante el Cirio Pascual, proclamando la alegría de la Resurrección de Cristo.
A continuación se proclamaron las lecturas de la historia de la salvación: siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento. La primera del Génesis se leyó en francés, la segunda del Génesis en portugués y la del Éxodo en italiano, seguidas de sus respectivos salmos.
El Evangelio proclamado fue el de Mateo 28,1-10. Tras la homilía, se cantaron las letanías de los santos y el Santo Padre administró el Bautismo a 10 catecúmenos —entre ellos personas de Corea, Gran Bretaña y Portugal—. Los nuevos cristianos recibieron la túnica blanca, signo de pureza, y el sacramento de la Confirmación.
“AMOR DE DIOS EXPULSA EL ODIO Y DOBLA A LOS PODEROSOS”
En su homilía, León XIV subrayó que, ante el pecado que divide y mata, Dios responde siempre con el poder del amor que une y devuelve la vida. Comparó el pecado con la pesada piedra que cerraba el sepulcro de Jesús: “una barrera que nos encierra y busca hacer morir en nosotros las palabras de esperanza”.
Refiriéndose a María Magdalena y a la otra María, primeras testigos de la Resurrección, el Papa afirmó que ellas contemplaron “la potencia del amor de Dios, más fuerte que cualquier poder del mal, capaz de expulsar el odio y de doblegar a los poderosos”.
“El hombre puede matar el cuerpo —dijo—, pero la vida del Dios del amor es vida eterna, va más allá de la muerte y ningún sepulcro la puede aprisionar”.
El Santo Padre invitó a todos a imitar a las santas mujeres: “También nosotros queremos partir esta noche para llevar a todos la buena noticia de que Jesús ha resucitado y que, resucitados con Él, podemos dar vida a un mundo nuevo, de paz y de unidad”.
LLAMADO A NO PARALIZARSE ANTE LOS “SEPULCROS” ACTUALES
León XIV reconoció con realismo que “tampoco faltan en nuestros días sepulcros que abrir”. Mencionó las piedras pesadas que oprimen el corazón humano —la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor— y las que rompen los lazos entre los pueblos: la guerra, la injusticia y el aislamiento entre naciones.
“¡No dejemos que nos paralicen!”, exhortó con fuerza.

