¡Qué momento histórico para México!, la presidenta Claudia Sheinbaum recibió en el corazón de Palacio Nacional al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y lo que se vivió fue mucho más que una reunión de trabajo: Fue la pasión del fútbol, al esfuerzo conjunto y a la grandeza que viene. Con lo que “callaron la boca”, a la oposición que anhelaba se cancelara emotivo evento deportivo.
Con una sonrisa franca y el entusiasmo que caracteriza a los grandes líderes, Sheinbaum dejó claro el mensaje: “Estamos evaluando todo para el próximo Mundial y todo va a salir maravilloso. Esta inauguración va a ser histórica, excepcional”.
Infantino, visiblemente contento, respondió con la misma energía: “Muy feliz de estar aquí con la presidenta Claudia Sheinbaum. ¡Fantástico! Hemos desayunado muy bien también… omelette de flor de calabaza”. Un toque mexicano auténtico, sencillo y delicioso, que demuestra que en Palacio Nacional se trabaja con los pies en la tierra y la mirada puesta en las estrellas.
Pero el detalle que conquistó a todos fue cuando la presidenta mostró el regalo de Infantino: las tarjetas oficiales de la FIFA. Amarilla para los que se porten mal, roja para los que se pasen de la raya. “¡Cuidados!”, dijo con picardía.
Un gesto simbólico y divertido que resume el espíritu del momento: México está listo, organizado y con cero tolerancia a los errores que puedan empañar la fiesta. “Este Mundial va a ser una fiesta, va a ser un éxito para México porque somos todos mexicanos”, enfatizó Sheinbaum. Y remató con el llamado que todo el país necesitaba escuchar: “Todos hay que echarle muchas porras a la Selección Nacional. ¡Todos con buena vibra en este Mundial!”.
¡Exacto, presidenta! Ese es el liderazgo que necesitamos. Mientras algunos buscan divisiones y critican por deporte, Sheinbaum demuestra que sabe unir al país alrededor de una causa que trasciende partidos políticos: El orgullo de ser anfitriones del evento deportivo más importante del planeta.

