Tras casi un mes de incertidumbre por la aparición de manchas de petróleo en el litoral mexicano, el Gobierno Federal identificó a Cantarell, en Campeche, como la principal fuente de contaminación debido a una “chapopotera” natural que permanece activa. Este foco, sumado a una segunda emanación en Coatzacoalcos y al vertimiento ilegal desde un buque en zona de fondeo, constituye el origen del desastre ambiental que ya afecta a más de 600 kilómetros de costa.
Ante este triple escenario de contaminación, la Secretaría de Marina, en coordinación con Petróleos Mexicanos (PEMEX), mantiene trabajos con barreras marinas y revisiones submarinas en plataformas petroleras para descartar fugas adicionales en el campo Cantarell. Respecto al buque responsable del vertido ilegal, el secretario de Marina, Raymundo Morales Ángeles, explicó que se investiga a 13 embarcaciones; cuatro siguen bajo inspección en México y se ha solicitado apoyo internacional para ubicar a las otras nueve que ya zarparon.
El impacto de estas emanaciones y el vertido humano ya pesa de forma devastadora en las comunidades: pescadores sin ingresos, productores de ostión con pérdidas totales y el hallazgo de fauna muerta como delfines y tortugas carey. Lo que inició como reportes aislados en Veracruz y Tabasco, hoy se ha convertido en una emergencia ecológica que ha escalado de decenas a cientos de kilómetros cuadrados en cuestión de días.
Pese a la magnitud, la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, indicó que por ahora se descarta un daño ambiental “severo”, aunque confirmó que se interpondrán denuncias penales contra quien resulte responsable por el vertido del buque. Asimismo, anunció la creación de un observatorio ambiental permanente en el Golfo de México para intentar prevenir incidentes similares.

