CAMPECHE, CAMP. La selva maya no entiende de fronteras políticas, pero sí de abandono. En un movimiento que busca borrar las líneas divisorias entre Campeche, Yucatán y Quintana Roo, en el Centro de Convenciones Campeche XXI la gobernadora Layda Sansores lanzó una sentencia que marca el rumbo de los próximos cuatro años: “La Península de Yucatán puede ser una sola y volver a ser fuerte, unida y recuperar su esplendor”.
La mandataria encabezó la presentación de un financiamiento por 13.3 millones de dólares para reforestar y recuperar la selva maya, en un momento crítico para este ecosistema. El proyecto, denominado “Asegurar Beneficios para el Bienestar de las Comunidades Locales y los Ecosistemas de la Selva Maya”, es financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) y tiene como meta, hacia 2029, beneficiar directamente a 108 mil personas y restaurar nueve mil 500 hectáreas de selva hoy en deterioro.
Sansores recordó que Campeche pagó un precio muy alto por la riqueza de la nación. “Teníamos el paraíso petrolero, pero al lado los veneros del diablo”, sentenció al describir cómo el estado produjo el 80% del crudo del país a cambio de pobreza y una infraestructura que hoy se cae a pedazos. El nuevo enfoque, respaldado por la visión de la presidenta Claudia Sheinbaum, apuesta por el bienestar biocultural antes que por el extractivismo.
Según la titular de la Semabicce, Joselyn Durán Murrieta, Campeche aún es el arca de Noé del sureste ya que alberga el 37% de las aves y el 38% de los mamíferos terrestres del país, cuenta con más de 3,400 especies de flora y es el segundo estado con más manglares en México (200 mil hectáreas). El 75% de su superficie sigue cubierta por bosques y selvas, un patrimonio que hoy se ve amenazado por el cambio climático.
UNA SOLA SELVA, UNA SOLA LUCHA
El encuentro no fue solo una pasarela de funcionarios, estuvieron los que “ensucian las botas”, técnicos, académicos, productores rurales y las cabezas de la conservación regional como Neyra Silva Rosado (Yucatán) y Gerardo Lagunes Gallina (Quintana Roo). La implementación del proyecto estará bajo la lupa de organismos internacionales como la IUCN, Pronatura Península de Yucatán y el Instituto Global para el Crecimiento Verde (GGGI).
El objetivo es que los 13.3 millones de dólares no se queden en escritorios, sino que se conviertan en abejas nativas volando, en milpas mayas productivas (reconocidas por la FAO) y en la preservación de la lengua maya, que hoy solo habla el 10% de la población y que Sansores calificó como “la realidad vista desde el corazón”.
Gloria Sandoval Salas, de la SEMARNAT, cerró con una advertencia: restaurar no es solo plantar árboles por cumplir una cifra, es reconectar paisajes fragmentados para que la fauna pueda volver a transitar por su casa. La meta final es ambiciosa, 1.1 millones de hectáreas bajo manejo sustentable para que, en 2029, la Península no sea solo un recuerdo de lo que Dios creó en “su momento de mayor inspiración”, sino una realidad viva para las próximas generaciones.

