CAMPECHE, CAMP. No hubo alfombra roja ni discursos vacíos que ocultaran la urgencia del reclamo. La Casa de Justicia fue el escenario de un compromiso que las madres de Campeche han gritado por años “el cese de la violencia vicaria”. En un acto que buscó sacudirse la inercia institucional, el Magistrado Presidente Juan Pedro Alcudia Vázquez firmó cinco compromisos estratégicos para evitar que los juzgados sigan siendo cómplices silenciosos del maltrato a través de los hijos.
Ante esto, señaló que, por primera vez, el Frente Nacional contra la Violencia Vicaria fungió como testigo de honor, colocando a la judicatura bajo una vigilancia ciudadana sin precedentes. La violencia vicaria —aquella donde el agresor utiliza a los hijos para herir, manipular o controlar a la mujer— deja de ser un “asunto familiar” para convertirse oficialmente en un reto jurisdiccional que el Tribunal Superior de Justicia ya no puede ignorar.
Sobre lo que cambiará hoy con esta firma de estos cinco puntos, es que se busca erradicar las trabas burocráticas que suelen revictimizar a las mujeres. Los compromisos están orientados a la prevención y atención directa, obligando a los jueces a juzgar con perspectiva de género y a entender que el daño psicológico de separar a un niño de su madre con fines de venganza es una forma de tortura.
Por otra parte, Jennifer Seifert Braun, vocera del Frente Nacional, no llegó a celebrar, sino a advertir. Durante su conferencia “Retos Jurisdiccionales”, dejó claro que la ley en el papel es letra muerta si los juzgadores siguen operando con prejuicios. La presencia de académicos de la Universidad Autónoma de Campeche (UAC) y magistrados administrativos subrayó que la presión ya no es solo de las víctimas, sino de todo el tejido social y educativo del estado.
La sociedad campechana y el Frente Nacional contra la Violencia Vicaria han dejado claro que este no es un cheque en blanco para el Poder Judicial; es un ultimátum. En un estado donde el acceso a la justicia ha sido históricamente un camino cuesta arriba para las mujeres, hoy se trazó una nueva ruta. Ahora le toca a los jueces demostrar si estos compromisos son el motor de un cambio real o si, una vez que las luces de la Casa de Justicia se apaguen, las madres seguirán librando solas la batalla más dolorosa de sus vidas, que es la de recuperar a sus hijos.

