CAMPECHE, CAMP. En un mundo que corre a mil por hora y donde el “relax” de la playa parece ser la única meta, el Padre Martín Mena Carrillo lanzó una invitación que rompe esquemas “convertir la Semana Santa en un camino de reencuentro personal”. Lejos de los dedos flamígeros que señalan el pecado, el mensaje es de evolución; se trata de usar estos días para demostrar que somos dueños de nuestras decisiones y no esclavos de nuestros impulsos.
Reveló durante entrevista que, el gran dilema de la carne en los días santos tiene hoy una lectura refrescante. El Padre Mena aclara que comerla no es un acto de maldad, pero evitarla es un ejercicio de alto valor psicológico y espiritual. “Es una manera de irnos educando para que, fortaleciéndonos, podamos someter las inclinaciones hacia situaciones positivas”, explicó.
El sacrificio de la abstinencia — especialmente cuando el olor de una “torta de lechón” tienta en un fin de semana— es, en realidad, una victoria sobre el “yo quiero”. Es la prueba de que el ser humano puede disponer de su cuerpo para algo más grande: el amor y la gratitud.
Aunque el calendario marque “periodo vacacional”, el enfoque propuesto es aprovechar este tiempo como un memorial de vida. El Padre señala que, si bien se respeta el descanso de cada quien, existe una oportunidad de oro en estos días desde tomar conciencia de lo que Jesús fue capaz de hacer por nosotros, el recogimiento que es disfrutar del silencio y la reflexión en medio de un año lleno de ruido.

