CAMPECHE. A una semana del arribo masivo de chapopote a las costas del sur de Veracruz y norte de Tabasco, la opacidad oficial contrasta con los datos técnicos que Greenpeace México ha compartido con CAMPECHE HOY: Una mancha de petróleo detectada por imágenes satelitales el 20 de febrero, de aproximadamente 37 kilómetros de extensión, ubicada mar adentro frente a la costa de Campeche y aparentemente relacionada con infraestructura petrolera.
Esta revelación apunta a un posible origen en operaciones de extracción o transporte en la Sonda de Campeche, zona de mayor producción de crudo en México, y sugiere una dispersión hacia el sur que habría alcanzado las playas y lagunas reportadas desde el 1 de marzo.
La Red Corredor Arrecifal del Golfo de México —que integra a Greenpeace México, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) y otros aliados— actualizó su diagnóstico: el derrame afecta ya 39 localidades (30 en Veracruz y 9 en Tabasco) a lo largo de 230 kilómetros de litoral.
En el sur veracruzano, todas las playas de Tatahuicapan, Mecayapan y Pajapan presentan daños graves; el petróleo penetró profundamente en la laguna del Ostión (Pajapan), impactando a nueve comunidades indígenas y pesqueras que dependen de ella para su subsistencia.
Playas como Jicacal, Paquital, Punta Huazuntlán y Bocana del río Temoloapan muestran arenas cubiertas de hidrocarburos pegajosos, manglares amenazados y fauna marina en riesgo, incluyendo tortugas y manatíes afectados.
Petróleos Mexicanos (Pemex) mantiene su deslinde: Tras inspecciones, asegura que no hay fugas en sus instalaciones en el sur de Veracruz y que todo opera con normalidad.
Sin embargo, no ha proporcionado información oficial sobre la extensión real, el volumen derramado, el tipo de hidrocarburo ni el origen preciso, elementos que Greenpeace y las comunidades consideran esenciales para cualquier investigación y rendición de cuentas.
Las consecuencias humanas son inmediatas y severas. Miles de familias —alrededor de 14 mil en la zona más golpeada— han perdido su ingreso diario desde hace siete días: la pesca está paralizada por redes contaminadas y lanchas varadas, el turismo costero se desplomó, y actividades complementarias que realizan principalmente mujeres indígenas (venta de mariscos, artesanías, servicios turísticos) se han detenido.
Ninguna comunidad o cooperativa ha recibido indemnización por pérdidas económicas, lo que genera angustia, frustración y enojo colectivo. “Estamos pagando las consecuencias de una industria a la que no hemos dado consentimiento, que no comparte beneficios y que no se hace responsable”, señalan en comunicados conjuntos.
Greenpeace México califica la situación como una “crisis socioambiental” que requiere atención inmediata y transparencia. Junto con la Red Corredor Arrecifal y organizaciones ambientalistas, exigen:

