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9 marzo, 2026

MUJERES

Campeche

ROMPEN CERCO Y PRENDEN FUEGO A MUJERES POLICÍAS

CAMPECHE, CAMP. Lo que comenzó como una marea de consignas por justicia por el Dia Internacional de la Mujer este 8M terminó en una escena de pesadilla en los bajos del Palacio de Gobierno. Entre vallas derribadas, humo rosa y el calor de las llamas, al menos cuatro policías se vieron rodeados por el fuego cuando las “bandalitas” grupo de encapuchadas ligadas al PRI lograron parcialmente su objetivo de incendiar fachada de Palacio de Gobierno.

El estruendo del metal contra el pavimento marcó el fin de la calma. No fueron todas, pero sí un grupo determinante. Al menos cinco mujeres “bandalitas”, ocultas tras máscaras de cuernos y pañoletas que blindaban su identidad, lideraron el asalto final contra el cerco de seguridad que pretendía proteger la sede del Poder Ejecutivo. La estrategia de contención fue insuficiente.

A pesar de que más de una docena de agentes intentaron mantener la línea con escudos de antimotines y extintores, la determinación del grupo radical fue superior: las vallas cayeron y el fuego se convirtió en el protagonista. En un instante de máxima tensión, las llamas se propagaron cerca de las 6:54 de la tarde hasta rodear a cuatro elementos policiales, quienes quedaron atrapados entre el calor del incendio y la furia de las consignas, siendo dispersados finalmente entre nubes de químicos y forcejeos.

ENTRE EL MIEDO Y EL AEROSOL

La ciudad no fue la misma este 8 de marzo. Mientras el contingente avanzaba desde el Parque de San Martín, el miedo se contagiaba más rápido que la marcha. Ante la advertencia de violencia, la mayoría de los comercios del Centro Histórico bajaron sus cortinas metálicas, convirtiendo la zona comercial en un pasillo de puertas cerradas y silencio preventivo.

Sin embargo, el patrimonio no corrió con la misma suerte. No faltó el vandalismo, ya que edificios históricos como el Instituto de la Mujer fueron blanco de pintas con aerosol, sumando un año más de daños a la arquitectura colonial de la ciudad. De igual forma, se registró el ataque a la prensa, la libertad de expresión también fue agredida. Diversos reporteros fueron rociados con pintura; entre las víctimas destaca nuestro compañero reportero Héctor, cuyo equipo de trabajo quedó severamente dañado tras ser blanco de tintura rosada mientras cubría los incidentes.

Mientras el grueso de la marcha exigía justicia y seguridad, la jornada terminó por ser recordada por las imágenes de policías cercados por el fuego y la prensa bajo ataque, desvirtuando el mensaje central de la convocatoria original.

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Al final, lo que debió ser un eco ensordecedor de justicia y un espacio de sororidad terminó asfixiado por el humo de los disturbios. El sentido profundo del 8M —esa lucha histórica por la vida y la dignidad de las mujeres— se desdibujó entre el fuego que rodeó a los agentes y la pintura que dañó el equipo de quienes solo intentaban documentar la realidad.

Cuando la rabia desborda la estrategia y se convierte en agresión ciega, el mensaje se pierde: en lugar de que el mundo escuche el reclamo de las víctimas, la atención se queda atrapada en el estruendo de las vallas caídas y la violencia de quienes, al perder los estribos, terminaron por opacar la causa quejuraron defender.

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