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6 marzo, 2026

CAMPECHE

Campeche

COSTAS DE CAMPECHE SE TIÑEN DE NEGRO

CAMPECHE. La reciente detección de una mancha petrolera frente a las costas de Campeche representa un nuevo capítulo en la crónica de negligencia y riesgos ambientales que arrastra la industria petrolera en el Golfo de México.

Investigadores independientes, mediante análisis de imágenes satelitales, identificaron la fuente del derrame aproximadamente 37 kilómetros mar adentro, presuntamente ligado a infraestructura de Petróleos Mexicanos (Pemex).

Aunque la empresa se deslindó rápidamente de cualquier responsabilidad, los indicios apuntan a que las corrientes marinas habrían dispersado el hidrocarburo hacia Tabasco y el sur de Veracruz, donde desde el 1 de marzo se reporta la llegada masiva de chapopote en al menos 16 puntos costeros a lo largo de casi 170 kilómetros de litoral.

El impacto ya se siente con crudeza: en varias playas y lagunas del sur de Veracruz y Tabasco han aparecido tortugas marinas y peces muertos cubiertos de crudo, evidencia visible del envenenamiento rápido de la cadena alimentaria marina.

Playas, lagunas y sistemas ecológicos vitales —como la Laguna de Ostión en Veracruz— han sido invadidos por residuos tóxicos que amenazan la pesca artesanal, la biodiversidad y la salud de poblaciones indígenas y ribereñas que dependen del mar para sobrevivir.

Maribel Cervantes, integrante del Centro de Derechos Humanos de los Pueblos del Sur de Veracruz Bety Cariño, resume con crudeza la frustración acumulada: las comunidades han advertido durante años los peligros inherentes a esta actividad. “Hace unos meses en las noches había barcos estacionados en fila mar adentro y no sabemos si estaban trabajando en el gasoducto o si eran barcos exploradores”, relató. Esa incertidumbre nocturna se traduce hoy en playas ennegrecidas, lagunas contaminadas y una exigencia clara: un censo real de afectados, limpieza inmediata de las zonas impactadas y contención del crudo antes de que cause daños irreversibles.

El patrón es predecible y alarmante. Pemex niega, las evidencias satelitales contradicen, las comunidades pagan el precio y las autoridades tardan —o evaden— en actuar. Mientras el Golfo de México sigue siendo tratado como un patio trasero industrial, la soberanía energética que tanto se presume se construye sobre el sacrificio silencioso de ecosistemas y pueblos enteros. Urge transparencia en el origen del derrame, protocolos de prevención que no queden en papel y, sobre todo, una verdadera rendición de cuentas que priorice la vida sobre el barril. Porque cada mancha que aparece en el horizonte no es solo un accidente: es el recordatorio de que el modelo extractivista, tal como opera, sigue siendo insostenible.

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