CAMPECHE, CAMP. El corazón de México vibró con una fuerza distinta este 24 de febrero. Bajo un cielo que parecía rendirse ante el verde, blanco y rojo, la gobernadora Layda Sansores, y la Presidenta Claudia Sheinbaum, coincidieron en un mensaje de unidad que retumbó más allá de las instituciones: México vive su mejor momento y su bandera es el recordatorio de un pueblo que no se dobla.
Para la mandataria, la conmemoración fue una deuda con la historia. “Ahí está la historia de nuestros héroes, el coraje de un pueblo que nunca se dobla y el amor profundo por esta tierra que llevamos en el alma”, afirmó, enfatizando que honrar a la bandera es una lucha diaria por un país más justo y humano.
Desde Campeche hasta la capital, el sentimiento fue el mismo, una lágrima furtiva, el corazón latiendo a mil y la certeza de que habitamos un país enorme que hoy, más que nunca, se mantiene de pie. La escena en la explanada del Zócalo fue, sencillamente, electrizante. No solo fue tela y viento; es un gigante de 35 metros de base que exigió el esfuerzo coordinado de 30 cadetes del Colegio Militar para ser domada.
Mientras el lábaro patrio ascendía hacia el cielo de la CDMX, el silencio de la multitud se transformó en un sentimiento colectivo que eriza la piel. Verla ondear es recordar que, mientras el ciudadano común realiza su vida cotidiana, hay hombres y mujeres de uniforme dando la vida por salvaguardar la nuestra.
Sansores lanzó una reflexión que sacudió a los presentes, es momento de mirar a las Fuerzas Armadas con un respeto renovado. Fue tajante al contrastar la entrega de los soldados con quienes observan el país a la distancia, llamando a un reconocimiento real por quienes están en la línea de fuego por la seguridad nacional.
Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum definió esta fecha como la expresión más auténtica de nuestros orígenes. Durante la ceremonia, reafirmó que la bandera es el símbolo máximo de la soberanía y la unidad nacional en esta etapa de transformación que vive el país.
El evento marcó un hito en la narrativa de respeto a las Fuerzas Armadas, posicionándolas como el pilar de la libertad actual. La jornada terminó con la sensación de que el orgullo mexicano no conoce fronteras estatales, sino que se extiende como la propia bandera cuando el viento la despliega, amplia, visible y compartida.

