CAMPECHE.- Juan José Huerta Alcocer, fundador del colectivo “Buscando por Amor a Juan de Dios Huerta”, relató el difícil proceso de transformación que ha vivido tras la desaparición de su hijo. Lo que comenzó como una búsqueda solitaria, marcada por el sacrificio económico que le obligó a vender sus herramientas de trabajo para costear los traslados, ha evolucionado hacia una estructura de apoyo comunitario. Tras ser arropado inicialmente por otra organización y posteriormente impulsado a seguir su propio camino, Huerta Alcocer consolidó este nuevo colectivo en Campeche con la premisa de que el amor es el motor principal para tocar puertas y exigir respuestas que las autoridades no han podido brindar.
La esperanza del activista se mantiene firme gracias al hallazgo de indicios que sugieren que su hijo podría estar con vida. Según explicó, la localización de prendas de vestir pertenecientes a Juan de Dios en un rancho le ha dado la pauta de que el joven podría estar siendo sometido a trabajos forzados, una línea de investigación que motiva su permanencia en el estado. A pesar de los limitados recursos, el colectivo sobrevive gracias a apoyos básicos para alimentación y hospedaje proporcionados por organismos como Ciavenco, aclarando que su estancia en la región no obedece a fines recreativos, sino a la misión urgente de localizar a sus seres queridos.
El camino de la búsqueda no ha estado exento de riesgos y delitos colaterales, como las constantes amenazas y extorsiones telefónicas que el buscador ha tenido que enfrentar. Huerta Alcocer denunció que personas sin escrúpulos utilizan los datos de contacto en las fichas de búsqueda para jugar con los sentimientos de las familias, exigiendo dinero a cambio de información falsa. Diferenció estos intentos de fraude del “modus operandi” del crimen organizado, señalando que estas estafas representan una doble victimización para quienes ya cargan con el dolor de la ausencia y la precariedad económica.
Aunado a la inseguridad, el colectivo enfrenta una barrera institucional caracterizada por la burocracia y la falta de empatía en las fiscalías y comisiones de búsqueda. El activista señaló que han tenido que aprender leyes y procedimientos jurídicos “a la fuerza” para evitar ser ignorados por los funcionarios, quienes a menudo exigen la presencia de abogados o utilizan tecnicismos para no atender a los familiares. Esta situación es aún más crítica para las personas que hablan lenguas indígenas, quienes enfrentan un trato cortante y discriminatorio que obstaculiza su derecho a la justicia y a la información sobre sus expedientes.
El surgimiento del colectivo “Buscando por Amor” se presenta como una respuesta necesaria ante el vacío que dejan las autoridades y la creciente necesidad de apoyo entre víctimas directas e indirectas. En su andar por Campeche, Huerta ha encontrado a madres, esposas e hijos en situaciones similares, uniendo esfuerzos para aprender a navegar el complejo sistema judicial. Con la convicción de que no se detendrán ante las trabas administrativas ni las vacaciones del personal oficial, el grupo reafirma su compromiso de seguir visualizando las fichas de búsqueda hasta que cada desaparecido regrese a casa.

