CDMX.- En pleno arranque de la Cuaresma 2026, que inició este 18 de febrero con la imposición de ceniza en iglesias como San Román, Nuestra Señora de la Purísima Concepción y las parroquias de Carmen y Champotón, la Diócesis de Campeche enfrenta un panorama de transformación religiosa.
Miles de fieles acudieron a las misas del Miércoles de Ceniza, marcando el comienzo de este período de reflexión, ayuno y renovación espiritual, pero un dato persistente resuena en los pasillos eclesiales: la adhesión al catolicismo continúa en declive sostenido.
Aunque el catolicismo sigue siendo la religión predominante en el estado, su proporción ha disminuido mientras el mosaico religioso se diversifica rápidamente. Según el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, el 60.1 por ciento de la población campechana se declaraba católica, equivalente a unas 558 mil personas. Sin embargo, datos más recientes de encuestas y análisis de 2024-2025 indican una caída adicional.
A nivel nacional, el Pew Research Center reporta que el catolicismo ha descendido al 67 por ciento en México, desde el 81 por ciento una década atrás, con un impacto más pronunciado en el sureste.
Para Campeche, estimaciones de 2025 sitúan la cifra en torno al 61.1 por ciento, con un crecimiento poblacional que mitiga la pérdida absoluta, pero no el cambio porcentual. Este retroceso se evidencia en el avance de otras denominaciones.
El protestantismo y el cristianismo evangélico han crecido drásticamente, pasando del 16.5 por ciento en 2010 al 24.3 por ciento en 2020 en Campeche, con cerca de 226 mil adherentes.
En 2025, esta tendencia se consolida, con evangélicos representando hasta el 25.1 por ciento en algunas proyecciones, especialmente en comunidades rurales y marginadas del sureste, donde iglesias pentecostales ofrecen experiencias más directas, comunitarias y enfocadas en la sanación personal.
Paralelamente, el segmento “sin religión” ha alcanzado el 14.2 por ciento (más de 131 mil personas en 2020), sumado a un 0.6 por ciento de creyentes sin adscripción específica, lo que apunta a un aumento de la indiferencia institucional o búsquedas espirituales independientes.
Esta dinámica no es aislada. En México, el catolicismo nacional bajó del 82.7 por ciento en 2010 al 77.7 por ciento en 2020, y encuestas de 2024 lo ubican en 67 por ciento, mientras evangélicos suben al 11.2 por ciento y los sin religión al 8.1 por ciento. En el sureste, estados como Chiapas (54 por ciento), Tabasco y Quintana Roo muestran proporciones aún menores de católicos, posicionando a Campeche entre las entidades con menor adhesión porcentual.
Expertos como los del Pew Research Center atribuyen este declive a factores como la secularización entre jóvenes, la migración, la influencia de tradiciones indígenas y la competencia de denominaciones evangélicas que prosperan en zonas periurbanas y rurales.
El sociólogo Cristián Parker, en análisis sobre el declive católico en Latinoamérica, destaca un “vaciamiento religioso” donde muchos mantienen creencias en Dios (hasta el 74 por ciento en México, incluso entre no afiliados), pero negocian prácticas y abandonan la normatividad eclesial por individualismo y desconfianza institucional.
Jorge Traslosheros, experto en libertad religiosa, advierte de un “catolicismo vergonzante” en México, donde persecuciones de baja intensidad —como acoso cultural y leyes restrictivas— adormecen el testimonio público de la fe, limitando la incidencia social de los católicos.

