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4 marzo, 2026

Cristo Negro

Campeche

“CRISTO NEGRO” UN SÍMBOLO VIVO DE FE Y RESISTENCIA

CAMPECHE, CAMP. Ni las plagas de langosta, ni las antorchas del pirata Lorenzillo, ni la furia de los huracanes del Caribe, ni mucho menos los decretos anticlericales del siglo XX han podido contra él. El “Cristo Negro de San Román”, la pieza de arte sacro colonial más importante y antigua de la Península, está siendo intervenido por expertos del INAH desde el 16 de enero para frenar el único enemigo que ha logrado acecharlo: el paso del tiempo.

Sin embargo, detrás de las labores de restauración, se esconde la historia de un “polizón” divino que cambió el destino de un barrio de marginados para convertirlo en el corazón de la fe marinera. En entrevista exclusiva para CAMPECHE HOY, el historiador José Manuel Alcocer Bernés reveló que el Cristo ni siquiera debía estar aquí.

Esto, pues fue en 1565, el Barrio de los Naboríos ahora conocido como Barrio de San Román (donde vivían los mayas que servían a los españoles, pero tenían prohibido pernoctar en la villa) sufría una devastadora plaga de langostas. Desesperados, jugaron a los dados para elegir un santo protector; ganó San Román Mártir.

El comerciante Juan Cano de Coca Gaitán fue enviado a Veracruz para traer la imagen, pero al no encontrar al santo romano, compró un Cristo Negro tallado en Civitavecchia, Italia. Ese “suplente” de madera oscura llegaría para quedarse 460 años.

MILAGRO EN ALTA MAR: EL MARINO FANTASMA

La leyenda que cautiva a los campechanos narra que el Cristo llegó un 14 de septiembre de 1565 tras una travesía imposible. Mientras un barco se negó a traerlo por falta de espacio, otro tiró su mercancía para darle lugar. En medio de un huracán que hundió a la primera nave, un marino desconocido apareció de la nada para tomar el timón del barco del Cristo, llevándolo de Veracruz a Campeche en un tiempo récord de 24 horas.

“Se cuenta que, en las fechas de la feria, aún se escuchan las voces de los tripulantes del barco que se hundió, pidiendo perdón por haberse negado a traerlo”, relata Alcocer Bernés. Pero la imagen, no solo es un objeto de culto; es un símbolo de resistencia civil.

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Durante los ataques piratas, los habitantes del barrio lo rescataban de las llamas de Lorenzillo escondiéndolo en las cuevas de Samulá. Siglos después, durante la Guerra Cristera, cuando el gobierno intentó sacarlo del templo para destruirlo, el pueblo campechano rodeó la iglesia en un acto de desobediencia civil que impidió el sacrilegio.

¿POR QUÉ ES NEGRO?

A diferencia de la creencia popular que atribuye su color al humo de las velas, el historiador aclara que su tono es natural: ébano puro. Esta distinción lo convierte en una pieza única, pues mientras en Yucatán muchas imágenes coloniales fueron destruidas o quemadas, el Señor de San Román permanece como el único santo original de la época que sobrevive íntegro.

Para el campechano de a pie, la presencia de la imagen es la razón por la cual el estado goza de una paz inusual y por la que los huracanes suelen desviarse.

Desde su primer paseo marítimo en 1926, cada 8 de septiembre la bahía se llena de embarcaciones que escoltan al “Cristo de los mares”.

Hoy, la restauración del INAH no es solo técnica; es un acto de supervivencia cultural. En una ciudad que se fundó apenas 25 años antes de su llegada, el Cristo Negro no es un invitado, es el dueño de la casa que hoy, una vez más, se prepara para vencer al tiempo.

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