CDMX – La información que circula desde hace días, cobra cada vez mayor gravedad: La Oficina Legal del Departamento de Estado de Estados Unidos recibió instrucciones para analizar las implicaciones y justificaciones legales que permitirían el despliegue de tropas estadounidenses en territorio mexicano, lo que en el argot militar se denomina “boots on the ground”, bajo el argumento de combatir directamente a los cárteles de la droga y desmantelar laboratorios de fentanilo.
No se trata de rumores ni de filtraciones anónimas, sino de una orden interna en la estructura burocrática de Washington que busca construir un andamiaje jurídico para una acción que violaría de manera flagrante y sin precedentes la soberanía nacional mexicana en la era contemporánea.
Cómo se recordará, el presidente Donald Trump ha hecho de esta posibilidad uno de los ejes centrales de su política hacia México desde el arranque de su segundo mandato, pasando de declaraciones retóricas a pasos concretos que involucran al Departamento de Es tado y al Pentágono.
Por ello, México enfrenta uno de los momentos de mayor tensión bilateral en décadas. Ante esta amenaza real e inminente, la respuesta no puede ser tibia ni dividida por colores partidistas.
Es hora de una defensa unificada de la patria, como se demostró de manera contundente el pasado 5 de febrero, durante la conmemoración del 109 aniversario de la promulgación de la Constitución de 1917 en el histórico Teatro de la República de Querétaro.
En ese acto solemne, la presidenta Claudia Sheinbaum fue clara y enfática: “México no regresará a ser colonia ni protectorado de nadie y no entregará nunca sus recursos naturales. Fieles a nuestra historiadecimos con fuerza: México no sedoblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende”.
Sus palabras resonaron como un rechazo directo a cualquier forma de injerencia externa, reafirmando el carácter social y soberano recuperado por la Cuarta Transformación en la Carta Magna de 1917.
Por su parte, el gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri (del PAN), en su calidad de anfitrión y representante de una fuerza política opositora, refrendó el mensaje con un llamado a la unidad republicana: “México no acepta dictados extranjeros, no admite instrucciones de nadie” y agregó un respaldo explícito a la presidenta: “No está sola. Cuente con nosotros. Lleve firme el timón que juntos vamos a superar la tempestad”.
Este evento no fue un acto de partido; fue una demostración institucional de que, frente a riesgosexistenciales para la nación, las diferencias políticas se subordinan a la defensa de la soberanía.
No se trata de MORENA, ni del PAN, ni de ningún color en particular: se trata de México y de sus más de 130 millones de habitantes. Como se ha reiterado en estos días críticos, el riesgo de una intervención militar estadounidense es real y nadie puede descartarlo.
La estrategia de respuesta debe ser inmediata y de Estado: rechazo categórico a cualquier intervención extranjera, diplomacia activa que movilice apoyo internacional, fortalecimiento de la opinión pública global y, sobre todo, una estrategia interna de seguridad mucho másefectiva y resultados verificables que elimine cualquier pretexto para acciones unilaterales desde el norte.
La soberanía no se negocia ni se defiende a medias. Cualquier “boot” extranjero en suelo mexicano debe ser considerado una agresión inaceptable, con consecuencias graves en la relación bilateral.
Hoy, México debe hablar con una sola voz, firme y unida, para dejar claro que su independencia no es moneda de cambio. La historia enseña que la patria se preserva con unidad, no con divisiones ni con silencio. Es momento de cerrar filas: la dignidad nacional no admite tibieza.

