CDMX. – El viejo dilema filosófico regresa con fuerza en la política: En algunos, ¿el poder cambia a las personas, las contamina o simplemente las desenmascara, revelando lo que siempre fueron en el fondo? La trayectoria reciente de Adán Augusto López Hernández parece inclinar la balanza hacia esta última opción.
Su imagen se deterioró con señalamientos graves. El caso de “La Barredora” en Tabasco vinculó a su exsecretario de Seguridad Pública, Hernán Bermúdez Requena, nombrado durante su gubernatura, como presunto líder de un grupo criminal ligado al Cártel Jalisco Nueva Generación.
Cabe recordar, que Bermúdez enfrenta acusaciones de secuestro, extorsión y delincuencia organizada, lo que generó cuestionamientos sobre la responsabilidad política de Adán Augusto por permitir su ascenso.
Otro golpe vino con la revelación de ingresos millonarios no declarados correctamente: alrededor de 79 millones de pesos entre 2023 y 2024 provenientes de empresas privadas, algunas ligadas a contratos públicos y señaladas como “fantasmas” por el SAT.
Aunque Adán Augusto afirmó que se trataba de herencias y honorarios notariales “debidamente declarados”, la discrepancia entre lo reportado y lo obtenido alimentó acusaciones de irregularidades patrimoniales y fiscales.

