MÉXICO- Sin duda, la salida del senador Adán Augusto López Hernández de la coordinación de Morena en el Senado, fortalece la imagen de la Cuarta Transformación, un relevo que no solo liquida políticamente a una figura controvertida, sino que reafirma el compromiso de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, con la honestidad y la soberanía nacional.
Es decir, el cambio con Ignacio Mier asumiendo el control, no fue un capricho repentino, sino el resultado de una decisión tomada hace dos semanas en Palacio Nacional, donde la Jefa del Ejecutivo federal, con su característica determinación, leyó la cartilla a López Hernández y al diputado Ricardo Monreal sobre sus presuntos vínculos con organizaciones criminales, basados en investigaciones de Estados Unidos.
La mandataria, demostró, una vez más su capacidad para navegar presiones internas y externas, no titubeó al exponer la información recabada: En el caso de Monreal, limitada a lazos familiares en Zacatecas ya ventilados en la prensa; pero para López Hernández, una red de sospechas que no cesan de acumularse.
El senador, quien alguna vez juró no dejar su escaño “ni por una embajada”, salió de esa reunión políticamente aniquilado, aunque en su arrogancia inicial no lo percibiera.

